Las políticas públicas constituyen una disciplina académica que integra
elementos tanto teóricos como prácticos, que en el siglo XXI ya no podemos
considerar como novedosa, principalmente porque es un tema que generó sus
primeras inquietudes desde los ya añejos estudios de finales del siglo XIX a
cargo de Wilson (1887).
Pero, hoy estamos obligados a
entender el estudio de las políticas públicas y darle la permanencia ya como rama
de la Administración Pública para encaminarla al perfeccionamiento del actuar
gubernamental. Ahora bien, no solo la permanencia y el estudio de las pol
íticas
públicas han llegado en pleno siglo XXI a fortalecer gobiernos sino que han
llegado con el enorme deseo de desarrollo y expansión que nos obliga a
investigar y a tomar la formalidad mucho
más activa que lo visto en décadas pasadas, es decir, en la administración
pública tradicional.
Más de medio siglo después
de su formal surgimiento con los ya clásicos planteamientos de Laswell (1951),
comenzamos a ver a las políticas públicas incorporadas estratégicamente como
planes organizados en los programas académicos mexicanos de estudio,
investigación, análisis y capacitación dentro del complejo proceso que envuelve
a las mismas.
Sin duda, el estudiar las
políticas públicas más que una disciplina teórica se refiere a una ciencia
práctica para la acción, ya que su objetivo es proceder a un mejor
entendimiento del proceso de adopción de políticas, de forma que permita
establecer un diagnóstico más acertado de la situación y un mejor
aprovechamiento de los recursos para la consecución de los fines establecidos.
Anderson (1990) definió a una política
como “una secuencia intencionada de acción seguida por un actor o conjunto de
actores a la hora de tratar con un asunto que los afecta... y son aquellas
desarrolladas por cuerpos gubernamentales y sus funcionarios”. De manera
similar, Lynn (1980) define una política como “un conjunto específico de
acciones de gobierno que producirán, por su diseño o por otras razones, una
clase particular de efectos”.
Algunos, como Somit y
Tanenhaus (1967) han considerado a la política pública como “la totalidad de
la acción gubernamental” y Brewer y de León (1983) han considerado a estas como
“las decisiones más importantes de una sociedad y que consta de un proceso
conformado por sistemas y niveles, articulado en seis etapas: iniciación,
estimación, selección, implementación, evaluación y terminación”.
Laswell también nos
entrega su conceptualización y nos señala que “la política pública es un
programa proyectado de valores, fines y prácticas”. Aguilar Villanueva en una
conferencia impartida en la Universidad Autónoma de Campeche en 1999 ofreció su
definición consistente “en un proceso realizado por las autoridades
legítimamente electas para resolver necesidades mediante la utilización de
recursos públicos, mediante el cual también se vinculan las decisiones de
gobierno con la administración pública, tendiendo siempre a la búsqueda de la
racionalidad”.
Así
entonces, una política pública implica el establecimiento de una o más
estrategias orientadas a la resolución de problemas públicos así como a la
obtención de mayores niveles de bienestar social resultantes de procesos
decisionales tomados a través de la coparticipación de gobierno y sociedad
civil, hoy llamada Co-Creación, que en
políticas públicas se presenta como una innovación en los modelos de
gobernanza, “el
ciudadano deja de ser receptor de los servicios y las políticas públicas para
volverse copartícipe de ellas”. En donde se establecen medios, agentes
y fines de las acciones a seguir para la obtención de los objetivos señalados.
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| "La ciudadanía deja de ser receptora de los servicios y las políticas públicas para volverse copartícipe de ellas”. |
En este sentido, las sociedades
modernas presentan una gran complejidad en los problemas públicos cómo la
pobreza, alimentación, vivienda digna, infraestructura, calidad de vida, inseguridad,
etc. El Estado de Bienestar brindó toda su capacidad durante gran parte del
siglo XX, buscando dar atención a dicha problemática, sin embargo, la
complejidad de nuestras sociedades ha limitado este esfuerzo y ha buscado
nuevas formas de atenderlos.
Una de estas
formas ha sido la que nos ofrece la innovación para la cocreación de las
políticas públicas, superando todavía la visión de la Nueva Gestión Pública
(NGP), en la que se veía al ciudadano como un cliente al cual se tenía que
satisfacer con servicios y políticas públicas, dirigidas de manera unilateral
desde el gobierno hacia el ciudadano para la generación del mayor valor público
posible. Sin embargo, la cocreación de las políticas públicas
se presenta como una innovación en los modelos de gobernanza, en el cual el
ciudadano deja de ser receptor de los servicios y las políticas públicas para
volverse copartícipe de ellas.
Los modelos de
gobierno, burocráticos, unilaterales, jerárquicos (administración pública
tradicional) comprendieron que para la resolución de los problemas públicos
bastaba con haber sido elegidos por una elección democrática, y sus proyectos y
propuestas presentadas a la ciudadanía sólo debían ser justificados por una
planeación para el desarrollo, sin considerar la importancia de la
participación ciudadana durante los periodos de gestión. La cocreación de las
políticas públicas permite que las instituciones públicas abran las puertas de
la deliberación a los ciudadanos involucrados en la atención de un problema
público, aprovechando los conocimientos que estos tienen sobre determinado
problema público, aún sin que ellos sepan que los tenían y usando metodologías cómo
el Design Thinking diseñado por la Universidad de Stanford para obtener
soluciones conjuntas.







