jueves, 19 de abril de 2018

México en el siglo XXI ¿Por qué las políticas públicas?


Las políticas públicas constituyen una disciplina académica que in­tegra elementos tanto teóricos como prácticos, que en el siglo XXI ya no podemos considerar como novedosa, principalmente porque es un tema que generó sus primeras inquietudes desde los ya añejos estudios de finales del siglo XIX a cargo de Wilson (1887).

Pero, hoy estamos obligados a entender el estudio de las políticas públicas y darle la permanencia ya como rama de la Administración Pública para encaminarla al perfec­cionamiento del actuar gubernamental. Ahora bien, no solo la permanencia y el estudio de las pol
íticas públicas han llegado en pleno siglo XXI a fortalecer gobiernos sino que han llegado con el enorme deseo de desarrollo y expansión que nos obliga a investigar y a tomar la formalidad mucho más activa que lo visto en décadas pasadas, es decir, en la administración pública tradicional.
Más de medio siglo después de su formal surgimiento con los ya clásicos planteamientos de Laswell (1951), comenzamos a ver a las políticas públicas incorporadas estratégicamente como planes organizados en los programas académicos mexicanos de estudio, investigación, análisis y capacitación dentro del complejo proceso que envuelve a las mismas.
Sin duda, el estudiar las políticas públicas más que una disciplina teórica se refiere a una ciencia práctica para la acción, ya que su obje­tivo es proceder a un mejor entendimiento del proceso de adopción de políticas, de forma que permita establecer un diagnóstico más acertado de la situación y un mejor aprovechamiento de los recursos para la consecución de los fines establecidos.
Anderson (1990) definió a una política como “una secuencia intencionada de acción seguida por un actor o conjunto de actores a la hora de tratar con un asunto que los afecta... y son aquellas desarrolladas por cuer­pos gubernamentales y sus funcionarios”. De manera similar, Lynn (1980) define una política como “un conjunto específico de acciones de gobierno que producirán, por su diseño o por otras razones, una clase particular de efectos”.
Algunos, como Somit y Tanenhaus (1967) han considerado a la po­lítica pública como “la totalidad de la acción gubernamental” y Brewer y de León (1983) han considerado a estas como “las decisiones más importantes de una sociedad y que consta de un proceso conformado por sistemas y niveles, articulado en seis etapas: iniciación, estimación, selección, implementación, evaluación y terminación”.
Laswell también nos entrega su conceptualización y nos señala que “la política pública es un programa proyectado de valores, fines y prácticas”. Aguilar Villanueva en una conferencia impartida en la Universidad Autónoma de Campeche en 1999 ofreció su definición consistente “en un proceso realizado por las autoridades legítimamente electas para resolver necesidades mediante la utilización de recursos públicos, mediante el cual también se vinculan las decisiones de gobierno con la administración pública, tendiendo siempre a la búsqueda de la raciona­lidad”.

Así entonces, una política pública implica el establecimiento de una o más estrategias orientadas a la resolución de problemas públicos así como a la obtención de mayores niveles de bienestar social resultantes de procesos decisionales tomados a través de la coparticipación de gobierno y sociedad civil, hoy llamada Co-Creación, que en políticas públicas se presenta como una innovación en los modelos de gobernanza, “el ciudadano deja de ser receptor de los servicios y las políticas públicas para volverse copartícipe de ellas”. En donde se establecen medios, agentes y fines de las acciones a seguir para la obtención de los objetivos señalados.


"La ciudadanía deja de ser receptora
de los servicios y las políticas públicas
para volverse copartícipe de ellas”.
 

En este sentido, las sociedades modernas presentan una gran complejidad en los problemas públicos cómo la pobreza, alimentación, vivienda digna, infraestructura, calidad de vida, inseguridad, etc. El Estado de Bienestar brindó toda su capacidad durante gran parte del siglo XX, buscando dar atención a dicha problemática, sin embargo, la complejidad de nuestras sociedades ha limitado este esfuerzo y ha buscado nuevas formas de atenderlos.

Una de estas formas ha sido la que nos ofrece la innovación para la cocreación de las políticas públicas, superando todavía la visión de la Nueva Gestión Pública (NGP), en la que se veía al ciudadano como un cliente al cual se tenía que satisfacer con servicios y políticas públicas, dirigidas de manera unilateral desde el gobierno hacia el ciudadano para la generación del mayor valor público posible. Sin embargo, la cocreación de las políticas públicas se presenta como una innovación en los modelos de gobernanza, en el cual el ciudadano deja de ser receptor de los servicios y las políticas públicas para volverse copartícipe de ellas.
Los modelos de gobierno, burocráticos, unilaterales, jerárquicos (administración pública tradicional) comprendieron que para la resolución de los problemas públicos bastaba con haber sido elegidos por una elección democrática, y sus proyectos y propuestas presentadas a la ciudadanía sólo debían ser justificados por una planeación para el desarrollo, sin considerar la importancia de la participación ciudadana durante los periodos de gestión. La cocreación de las políticas públicas permite que las instituciones públicas abran las puertas de la deliberación a los ciudadanos involucrados en la atención de un problema público, aprovechando los conocimientos que estos tienen sobre determinado problema público, aún sin que ellos sepan que los tenían y usando metodologías cómo el Design Thinking diseñado por la Universidad de Stanford para obtener soluciones conjuntas.



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