Si bien en los últimos 30
años nuestro país ha pasado por muchos procesos en todos los ámbitos de la
administración pública, también se ha teñido de rojo, la violencia extrema no
es la excepción, las recurrentes crisis económicas y sociales, la lucha por el poder político, los procesos
electorales y lo mismo fraudes que han impuesto a “presidentes” y a cualquier
cantidad de representantes populares mezquinos con interés propio, toda una
historia que bien puede llevarnos muchos años poder entender. Nada es
circunstancial, la firma del TLC y después entrada en vigor en 1994 marca una
nueva etapa en la vida de nuestra propia historia. El rumbo en realidad ha sido
incierto, no hubo transición democrática, es un espejismo creado por la misma
clase política y el engaño de las llamadas “reformas estructurales”.
Hoy me referiré al desempeño
del Estado mexicano respecto a la organización administrativa, es decir, la Administración Pública en México, la cual ha transitado por un largo proceso de
formación, configuración, adaptación y finalmente de maduración desde el siglo
XIX hasta el siglo XXI. Cerca de 180 años de transformación, cambios, reformas,
contrarreformas, programas de modernización e innovación gubernamental. Pero existe
complejidad respecto a ese “rumbo” si vinculamos esa larga trayectoria
histórica cuando nace con cuatro secretarias de Estado, resultado de la
herencia colonial, en la actualidad cuenta con 18 secretarias de Estado y una
Procuraduría General de la República. Ademas de 189 entidades paraestatales,
producto del proceso de privatización de empresas públicas que tiene más de 20
años y todavía continúa.
Diversas encuestas han mostrado
que entre las principales causas de la escasa legitimidad y credibilidad del
actual gobierno priista, está la poca capacidad para cumplir con sus funciones
más elementales; la ineficiencia para ofrecer servicios y atender demandas
sociales; su tendencia a interpretar discrecionalmente la ley, lo que genera
abuso de autoridad, arbitrariedad e impunidad; la de responsabilidad de sus
actos y omisiones, así como carencia de rendición de cuentas; y en forma
destacada, el oportunismo, clientelismo y la corrupción.
En este marco se podrían establecer las condiciones para
identificar las futuras tendencias de la administración pública en el presente
siglo y de igual manera, aquellos asuntos pendientes en la agenda de reforma
del Estado que tiene que ver con el aparato gubernamental. Sólo en una
perspectiva histórica e integral es posible, de manera responsable y consciente
establecer los derroteros que le deparan a la administración pública mexicana
en el presente siglo.
En suma, en la historia de
la administración pública mexicana existen tres estrategias para su
mejoramiento: la reforma administrativa; la modernización administrativa; y la
innovación gubernamental. En diferentes momentos históricos -de éxitos y
fracasos administrativos- deben ser tomados en consideración en el momento de
diseñar las futuras acciones de mejoramiento administrativo.
El liderazgo efectivo es poner primero lo primero. La gestión eficaz es la disciplina llevada a cabo.
Stephen Covey.

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