jueves, 30 de agosto de 2018

La responsabilidad del Estado ante la violencia de géneros.


Por: Alejandra Martínez Pérez y Moisés Sánchez Ramírez 
Activistas sociales y defensores de los derechos de las mujeres a vivir libres de violencia
Fundación Anayansi A.C. Coacalco Estado de México. 

El Estado mexicano tienen obligaciones concretas y claras de abordar el tema de la violencia contra la mujer. Tienen que responder ante las propias mujeres, ante la ciudadanía, ante las organizaciones de la sociedad civil, al país en general. En el contexto de violencia que vivimos en el país, hemos pensado que el reto del próximo gobierno es enorme, vemos, leemos y escuchamos una serie de temas que soló implican el poder político y el dinero, sector empresarial pero no vemos una propuesta clara y sobre todo, en relación con la creciente violencia feminicida en México, lamentablemente las noticias hablan del nuevo aeropuerto, el TLC, futbol, programas de televisión sin contenido cultural, preventivo, de chismes de la farándula, guerra sucia, corrupción, de la transición, pero no hemos visto, leído y escuchado qué es lo que harán quienes han sido electas y electos en cargos de elección para periodos de tres y seis años, hablan de “hacer un México mejor” de “ver por México” pero esas voces son de personajes políticos, mujeres y hombres que brincan de un cargo a otro, así se la viven, pero nunca escuchamos algo congruente y mucho menos qué propuestas claras, definidas que resuelvan con el diseño de políticas públicas y programas el problema de la violencia de géneros y feminicidios. Como organización de la sociedad civil, como Fundación Anayansi nos hemos mantenido trabajando, colaborando con las autoridades, hemos ejercido presión al grado de recibir desprecio y amenazas por algunas fiscalías y Centros de Justicia para la Mujer.   

        
Existe el deber de prevenir actos de violencia contra la mujer; investigarlos cuando ocurran y enjuiciar y castigar a los perpetradores; así como de ofrecer reparación y auxilio a las víctimas, algo que no hemos visto realmente de las autoridades. Si bien las distintas circunstancias y limitaciones obligan al Estado a adoptar diferentes tipos de medidas, esto no justifica la inacción. Sin embargo, no aplican a cabalidad las normas internacionales relativas a la violencia contra la mujer.

Cuando el Estado no exige responsabilidades a los perpetradores de la violencia, no sólo alienta la comisión de nuevos actos de esa índole, sino que da a entender que la violencia que ejerce el hombre contra la mujer es aceptable o normal, existe la necesidad urgente de fortalecer la base de conocimientos para documentar la formulación de políticas y estrategias.

La eliminación de la violencia obliga al Estado, y a todos los interesados directos a adoptar medidas amplias y sistemáticas. Como organizaciones de la sociedad civil nos corresponde, si bien exigir, participar en coordinación, los gobiernos locales también tienen la responsabilidad de abordar el problema de la violencia contra la mujer y para ello deben recibir asistencia, a pesar de que existe ya en entidades y municipios la Alerta de Violencia de Género contra las Mujeres, los resultados relacionados a la violencia y feminicidios no han sido el esperado, le atribuimos a muchos factores o elementos que inciden en la omisión, el desprecio, la indolencia por parte de las autoridades y un sector de la población al no existir empatía sobre todo preocupación por el contexto de violencia que particularmente las mujeres en nuestro país han venido sufriendo en los últimos 20 años. Corresponde a los hombres desempeñar una función, sobre todo de prevención de la violencia, y esa función debe seguir examinándose y fortaleciéndose. Hacen falta mecanismos institucionales, a pesar de los existentes, estables a nivel nacional y local para asegurar la aplicación de medidas, la coordinación, la vigilancia y la responsabilidad.

La violencia contra la mujer es la causa y, a la vez, la consecuencia de la discriminación contra la mujer. Existe la obligación de respetar, proteger, promover y facilitar el ejercicio de todos los derechos humanos, incluido el derecho de la mujer a no ser discriminada. Cuando esto no ocurre se ejerce y se exacerba la violencia contra la mujer, el ejercicio de la dirección es esencial para poner fin a la violencia contra la mujer, es fundamental ejercer la dirección a todos los niveles (local, nacional, regional) y por todos los sectores (incluidos los políticos y los funcionarios públicos, los formadores de opinión, los dirigentes empresariales, las organizaciones de la sociedad civil y los dirigentes comunitarios). Los Estados deberán hacer compatibles las normas internacionales y las leyes, políticas y prácticas nacionales.

El fin de la impunidad y la exigencia de responsabilidades por la violencia contra la mujer son fundamentales para prevenir y reducir esa violencia. La impunidad por el ejercicio de la violencia contra la mujer (tanto por los agentes del Estado o por otras personas) se produce cuando el Estado no aplica las normas internacionales a nivel nacional y local. El Estado tienen la responsabilidad de actuar con la debida diligencia para prevenir la violencia contra la mujer; investigar esos actos; enjuiciar y castigar a los perpetradores, sean o no agentes del Estado; y asegurar que se proporcione reparación para las víctimas. Crear y mantener estrategias multisectoriales coordinadas a nivel nacional y local para poner fin a la violencia contra la mujer, no basta sólo que la clase política en México demuestre compromiso político sino adoptar medidas sistemáticas y sostenidas apoyadas por mecanismos institucionales poderosos, dedicados y permanentes. El Estado debería apoyarse en la labor que realizan las organizaciones no gubernamentales (ONG), intensificarla e institucionalizarla. Pero lamentablemente no lo han realizado, no existe voluntad política ni de gobierno.


jueves, 23 de agosto de 2018

La democracia fabricada en México.


Mtro. Moisés Sánchez Ramírez

Hablando de las tres transformaciones y la cuarta que viene, "Con base en lo logrado buscaremos emprender una transformación pacífica y ordenada, sí, pero no por ello menos profunda que la Independencia, la Reforma y la Revolución; no hemos hecho todo este esfuerzo para meros cambios cosméticos, por encimita, y mucho menos para quedarnos con más de lo mismo “AMLO”. En este contexto, la democracia en México carece de la más mínima autenticidad, incluso si se le juzga desde el punto de vista de sus propios postulados doctrinales. Se trata, de una falsedad totalmente prefabricada y controlada por los grupos de poder económico y político y por el poder del Estado, en este sentido, el único propósito es dar ciertos visos de legalidad, de “legitimidad popular”, a su dictadura de clase, a los que dirigen los partidos políticos y que finalmente no se ha entendido la diferencia entre tomar el poder político en México y ejercer la administración del gobierno.
Es evidente, por la propia experiencia de los procesos electorales desde la creación de Instituto Federal Electoral, hoy INE, que, hasta el primero de julio de 2018, no era posible tomar el poder por la simple vía del voto ciudadano, la legitima decisión del pueblo, sino por la ilegal coacción, la compra del voto ciudadano, la corrupción y sobre todo la fabricación de los fraudes electorales, como lo ha hecho cada partido político en México desde hace décadas. Esto ocurre porque con el triunfo electoral no se toma el poder real, sino, simplemente, las riendas del gobierno.


Cuando un candidato de oposición llega al triunfo, no se desmoronan, por ese sólo hecho, quienes han apoyado al anterior poder político, económico y social, permanecen, dan continuidad quienes han apoyado al antiguo régimen, ni cambian tampoco su ideología, su manera de pensar y de sentir, esto ocurre aquí y en el mundo, entonces todo aquello que constituye el verdadero poder –el ejército, la policía, los jueces y magistrados, la burocracia y, principalmente, la palanca del poder económico sigue estando en las manos y al servicio de la clase explotadora, de la clase beneficiaria del viejo sistema, del podrido régimen. Entre las causas del rechazo a la “clase política”, existe la ausencia de plataformas políticas reales. Todas las propuestas son tan parecidas que un político puede pasar de un partido de derecha a uno de centro o de supuesta izquierda sin ningún problema ideológico. Y en general todos los partidos tienden a adelgazar el Estado.

“El Estado mismo se ha ido deslegitimando, ha entrado en crisis y ha dejado de cumplir sus funciones fundamentales. Todo lo que tiene que ver con sistemas de seguridad social, educación pública, salud, seguridad, está totalmente colapsado, y eso arrastra a la clase política”

La ultraderecha en México sea PRI, PAN y una parte importante del PRD, provienen de una ideología ultraconservadora en el plano cultural; además es muy represiva y muy racista. Mientras, partidos que se pretenden de izquierda como el Partido de la Revolución Democrática (PRD) es un poco más liberal en materia cultural y aborda un poco más la problemática social. Pero hasta ahí, mínima excepción.
Recientemente vimos que el problema real del sistema de partidos actual es que ninguna de estas agrupaciones políticas por sí sola, pero tampoco en su conjunto, logran representar el descontento social. Tampoco logran que la sociedad mexicana, con toda su pluralidad y complejidad, se sienta representada por ellos.
Aun teniendo todos los sectores y movimientos sociales tales como: feministas, indígenas, campesinos, obreros, estudiantiles, de múltiples minorías­… con esto, ningún partido está siendo capaz de reflejar esta pluralidad de intereses, esta pluralidad de demandas, veamos por qué:
Entre la fascistización del PAN y sus pilares que lo sostienen en el poder, y que son los mismos en los que tradicionalmente se han apoyado los regímenes de corte fascista: el ejército, el clero, los medios de comunicación y el gran empresariado. Al votar por el PAN se vota por el partido que heredó la tradición de los cristeros, el que representó la continuidad de los conservadores, se vota por la parte más conservadora de la jerarquía católica, por el partido que siempre estuvo contra la educación sexual, contra el aborto y por el partido que en su momento tuvo simpatías por los nazis y Pinochet.
El PRI, como un caso ejemplar del retorno al pasado, de ese pasado estancado, como partido más viejo del sistema político mexicano, que nació en 1929 con el nombre de Partido Nacional Revolucionario y por más de 80 años detentó el poder, y que, por supuesto es el que más identifica la ciudadanía con la corrupción, el compadrazgo, la represión y la impunidad.
El PRD, el fracaso de la “izquierda” electoral, se rompe el paradigma de una izquierda que en su ingenuidad supuso que podría tomar el poder por la vía pacífica para instrumentar cambios estructurales en beneficio de los desposeídos, y que llegó al proceso electoral desgastado, dividido, y fraccionado por las expresiones al interior del partido, corrompido, convertido en una franquicia electoral, luego de haber traicionado los principios enarbolados en 1988. Pero algo si me queda claro, que a pesar de la debacle del PRD la izquierda no aprenderá la lección: se recompondrá en un nuevo frente de organizaciones o en un nuevo organismo, pero seguirá pugnando sólo por tomar las riendas del gobierno, no así el poder político, como ha sido la trayectoria de la izquierda en México.
Para el caso de MORENA como partido político y que después del primero de julio logra el triunfo al frente de su candidato Andrés Manuel López Obrador, presidente electo de México, se va posicionando como conciliador, como el benefactor de un sector de la población abrumado por la indiferencia del Estado, la indiferencia de la clase política y partidos, por la violencia y la corrupción de los tres niveles de gobierno, por el crimen organizado y todo el contexto de desigualdad social y pobreza. Si bien a los ojos del presidente Donald Trump es un “buen líder”, en México las constantes contradicciones lo ponen en la palestra mediática para llevar un mensaje claro a la sociedad, que no votó por él y a millones de votantes que confiaron en un régimen distinto, como un personaje que “ha mentido y miente”.

Cierto es que no existe sistema político perfecto, que la libertada y la igualdad en su estado más puro sólo son parte del discurso idealista de quienes pretenden un mundo equitativo, que la globalización no traerá a todas y todos la modernidad y derribará las fronteras tanto físicas como intelectuales, que la democracia es la panacea para la pobreza, los conflictos armados y el rezago económico, “que el llamado primer mundo” no tiene problemas y se desarrolla en armonía, que en México la alternancia política del año 2000 traería por sí la bonanza y desaparecería de inmediato los problemas políticos, económicos y sociales.


México en particular, tiene antecedentes históricos que lo están limitando profundamente y que lo hacen permanecer en un estancamiento, aunque bien es cierto que algunas de sus condiciones se han transformado favorablemente a través del tiempo, pero dichas mejoras son insuficientes e incrementan las posibilidades de que esta situación se prolongue o aparezca un revés hacia la nostalgia del pasado.     

martes, 7 de agosto de 2018

México: La desigualdad Social.

La Desigualdad y política social hacen ver a México como uno de los países más desiguales de América Latina, lo convierten en un fenómeno complejo y multifuncional, que se relaciona y se retroalimenta con la discriminación ética, de género y de lugar de residencia.
Imagen: Crédito al propietario de los derechos de autor.
Vivimos en un país de encantos y desencuentros, de enormes contrastes y complejidades, de aciertos y errores garrafales que han dañado la vida política, económica y por supuesto social. Ante el grave contexto que vivimos, sobre todo en los últimos 30 años, el Estado mexicano no ha logrado construir una políticas que genere soluciones eficaces en el corto y largo plazo en lo que a la generación del bienestar social se refiere. Por ejemplo, el Informe de Evaluación de la Política de Desarrollo Social 2018 presentado por Coneval señala que nuestro país todavía está lejos de tener oportunidades y participación en igualdad de circunstancias para todas las personas. 
En términos de población y datos que reflejan la realidad, del total de la población, solo 27.8 millones no son pobres o vulnerables, en tanto que hay 53.4 millones de personas en pobreza, lo que representa al 43.6% de la población nacional, de estas, 9.4 millones viven en situación de pobreza extrema, adicionalmente, casi 4 de cada 10 personas que habitan en el ámbito urbano no tienen ingresos laborales suficientes para adquirir la canasta alimentaria básica, mientras que casi 6 de cada 10 personas en el ámbito rural tienen ingresos laborales insuficientes. Las cifras más recientes de Coneval revelan que en nuestro país 24.6 millones de personas son vulnerables por carencia de acceso a la alimentación.
En este sentido y de acuerdo con el informe presentado por Coneval, entre 1992 y 2016 el ingreso promedio tuvo fluctuaciones que no permitieron mejoras permanentes en el bienestar de los hogares. Pese a que de 2009 a 2017 hubo una disminución en la proporción de empleos informales, las condiciones de informalidad siguen caracterizando al mercado laboral de nuestro país, pues del total de personas ocupadas, la mayoría, es decir, 29.83 millones, tiene empleos informales. La mayor dificultada para insertarse en empleos formales son los jóvenes de entre 15 y 29 años. En 2017, del total de personas jóvenes ocupadas, 59.9%, se encontraban en empleos informales.
Los riesgos que impone al país un modelo de desarrollo como el actual, genera crecimiento lento y desigual, pero sobre todo hace patente las reducidas capacidades del Estado para hacerles frente.
Por ello, es urgente avanzar en el cumplimiento de los derechos y reducir las brechas que aún existen en el país, así como replantear la estructura institucional del Estado, de sus funciones y de su organización interna, con el propósito de construir una nueva serie de alternativas al Estado de Bienestar que igualen las oportunidades de toda la población. 
La gran complejidad y el origen multifactorial de la desigualdad en México no pueden enfrentarse con programas públicos simples, unidireccionales y únicos; demandan voluntad política para superar el problema, además de una capacidad de diálogo con los grupos que formulan interpretaciones y enfoques distintos sobre sus causas y posibles soluciones. Requieren una participación activa de la población, de modo que la intervención del Estado refleje sus demandas, intereses e inquietudes y se convierta verdaderamente en una política pública, en lugar de limitarse a programas gubernamentales definidos solo por los grupos a cargo de los gobiernos de turno. Por su complejidad, el combate de la desigualdad requiere articular varios instrumentos de política de los ámbitos económicos, políticos, sociales y culturales. En el fondo, significa transformar relaciones asimétricas de poder.
Para avanzar en ello, en materia de política social, resulta indispensable realizar una evaluación informada y objetiva del estado en que se encuentran la legislación, las instituciones, la capacitación y la cantidad de funcionarios que participan en los servicios sociales, los modelos de intervención, las tecnologías utilizadas y el monto y la distribución de los recursos presupuestarios entre programas.

Los programas sociales vigentes forman un complejo entramado cuyo origen se encuentra en las diferentes concepciones sobre la responsabilidad social del Estado desarrolladas a lo largo de diferentes momentos de la historia reciente de México. Se trata de programas sociales de distintas generaciones que se han ido superponiendo, en algunos casos construidos a partir de premisas que han experimentado grandes modificaciones.

Citas:
Jusidman, Clara. Marzo - Abril 2009
México Social. Martes, 17 Abril 2018

lunes, 6 de agosto de 2018

Moisés Sánchez Ramírez: La Fractura PARTIDO DE LA REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA

A partir del 5 de mayo de 1989, con una ideología política de izquierda, partido miembro de la Internacional Socialista, el Partido de la Revolución Democrática (PRD) nace como una coalición de diversos partidos políticos de izquierda, si bien sus fundadores pertenecían al PRI, algo que no puede negarse y en este contexto, traerlo a la historia política reciente, al ser rechazados por su propio partido fundan el PRD, antes de ser bautizado como PRD, su origen es el Partido Mexicano Socialista (PMS) que nace de la fusión de 6 fuerzas políticas de Izquierda a nivel Nacional: Partido Mexicano de los Trabajadores (PMT), Partido Socialista Unificado de México (PSUM), Partido Patriotico Revolucionario (PPR), Movimiento Revolucionario del Pueblo (MRP), Unión de la Izquierda Comunista (UIC; más adelante se unen a la fusión una parte de la militancia del Partido Socialista de los Trabajadores (PST). Su principal líder fue el Ingeniero Heberto Castillo Martínez.

No omitiré mencionar y para que quede claro que, en el PRD confluyen dos corrientes de la izquierda histórica mexicana, por un lado, una corriente que proviene de la tradicional "familia revolucionaria", representada por la izquierda del PRI, que gobernó en México de forma ininterrumpida de 1929 al año 2000. La otra corriente que confluyó en el PRD, la izquierda socialista mexicana, cuyos orígenes están en el Partido Comunista Mexicano, así como algunas organizaciones guerrilleras.

Fundado por Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, 
Porfirio Muñoz Ledo, Ifigeia Martínez entre otros, 
y miembros históricos de la Izquierda mexicana 
y entre muchos otros políticos. 

Después de la elección del primero de julio de 2018, el déficit de identidad se agravó" desde la idea de coaligarse con el PAN. Hasta el proyecto de "Frente Ciudadano" todo iba bien, con la firme idea de un candidato externo, pero el proyecto de los chuchos era más que claro, que el PRD mantuviera poco más del 3% antes de verlo pulverizado, entre diferencias claras de las distintas expresiones la coalición con el PAN, y lo que queda de MC, afianzó la percepción de que el PRD se corría hacia la derecha del espectro político-ideológico, aunado a la división interna que siempre ha prevalecido durante los procesos internos. 

Se veía venir, que con la alianza natural inclinada más con el PAN que con partidos de izquierda, asistíamos a la patética agonía de un PRD inmolándose poco a poco hasta convertirse en un paralelo del poder en turno. 

Con la dirigencia al frente de toda negociación político-electoral, exhibían la decadencia de una izquierda mexicana, referente por muchos años, que no sólo le han costado cientos de muertes de militantes y simpatizantes sino que en número han costado escaños y posiciones locales.

El PRD y el PAN unidos en alianza de intereses, anunciaban una penosa realidad: el fin de la izquierda mexicana (del PRD) como la concebían especialistas y politólogos. "Si desde hace años, el PRD se fue haciendo un partido cada vez más cercano a los intereses de la derecha capitalista, está coalición fue la herida de muerte natural.

"Hace tiempo que el PRD debió desaparecer", gritaban las voces. La urgencia de una refundación obligaban a terminar con el partido convertido en botín de unos cuantos como Jesús Ortega y su tribu de los Chuchos o René Bejarano, Dolores Padierna (hoy MORENA) y su tribu y todas las tribuis al interior del partido.        

Existe la otra historia, la del discurso post-electoral, "refundación", en la búsqueda siempre de culpables externos cuando el enemigo esta dentro, "definir el papel que jugará el PRD en el nuevo escenario nacional a partir del 1 de diciembre". A ello me refiero con el discurso de siempre, nada y todo pasa.


jueves, 2 de agosto de 2018

México, el TLC 1994-2018

En agosto de 1996 tuve mi primer encuentro como estudiante de economía, justamente en la Escuela Superior de Economía  del Instituto Politécnico Nacional, particularmente tres noticias sacudían al país, el fraude electoral (1988, aún era parte del debate nacional), el Neoliberalismo, corriente económica y política capitalista instaurado en el periodo de Miguel de la Madrid Hurtado (1982-1988) entre asesinatos de personajes políticos, sobre todo priistas, sin duda el asesinato de Luis Donaldo Colosio Murrieta el 23 de marzo de 1994 en Tijuana y la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Carlos Salinas de Gortari 1988-1994). 




Eran las charlas, la reflexión, los debates interminables y la platica común en los pasillos de la ESE, entre doctoras y doctores, maestras y maestros, compañeras y compañeros, las constantes asambleas en el Auditorio Lennin, las reuniones a puerta cerrada en el Comité de Lucha de la Escuela Superior de Economía (CLESE), del cual era integrante en mi estadía como estudiante politécnico y de economía. 





El 12 de agosto de 1992, México, Estados Unidos y Canadá anunciaron al mundo, desde Washington, el acuerdo sobre el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y con ello, el establecimiento del mayor bloque económico del orbe. Culminaban así 389 reuniones de trabajo. Durante el régimen de Carlos Salinas de Gortari se registró una apertura creciente a los mercados Internacionales, sobre todo hacia Estados Unidos, este sentó las bases para la creación de la mayor zona comercial del mundo, con 360 millones de compradores potenciales y un producto anual de siete billones de dólares.

El primero de enero de 1994, día en que entró en vigor el TLC, Estados Unidos desgravó 7 mil 300 productos contra 5 mil 900 de México; además, se informó que en un lapso de 15 años se eliminarían de manera gradual los aranceles de productos para el intercambio comercial. 

Al fustigar el modelo proteccionista-dirigista existente en México por décadas, Salinas de Gortari actuó en consecuencia profundizando el proceso privatizador (durante los dos primeros años de su mandato se privatizaron Telmex, Compañía Minera Cananea, Aeroméxico, Mexicana de Aviación, Fomento Azucarero, Planta Tultitlán de Conasupo, Grupo DINA, Ingenios Azucareros y Mexinox), saneando las finanzas públicas y, como parte del proceso de apertura comercial, anunciando, desde el primer año de su gobierno, “su intención de negociar acuerdos bilaterales de libre comercio que proporcionaran a México una adecuada reciprocidad a la apertura unilateral que México había venido haciendo de su comercio exterior”. De esa manera, “el primer tratado que se firmó fue con Chile en septiembre de 1991 y posteriormente se negoció otro con Colombia y Venezuela que entró en vigor en 1994. Las negociaciones del tratado con Estados Unidos y Canadá, por razón de su misma importancia, fueron mucho más largas y complicadas”.

Si bien este acuerdo era una idea muy interesante, eso no obstó para que a su alrededor se levantaran una serie de opiniones a favor y en contra. Para algunos la libre competencia ofrecía la posibilidad del desarrollo nacional mediante el intercambio vigoroso y múltiple de mercancías en nuevos mercados, ya comenzaba a impactar el pensamiento neoliberal, pero, para otros, México se convertiría simplemente en suministrador de materia prima y mano de obra barata y, a la larga, en consumidor de productos extranjeros en perjuicio de las empresas mexicanas, que se verían desplazadas, contexto en el que hoy estamos situados.

A 24 años de distancia, los resultados del TLC son los siguientes: México registra un incremento en el flujo de productos extranjeros y provoca el desplazamiento de la producción nacional, el cierre de empresas, la falta de empleos y la conversión de un país productor a maquilador.

Como si fuera una piedra en el inmenso zapato de Donald Trump, este viejo desacuerdo que quedó sepultado tras la firma del TLCAN el 17 de diciembre de 1992, regresa amenazante, luego de que Estados Unidos haya anunciado el pasado 17 de julio que dentro de sus objetivos de renegociación está la eliminación del Capítulo 19 y que de no cumplirse sus expectativas, abandonarían el acuerdo.

El TLCAN no causó ni un sonido de succión gigante ni un boom económico masivo. El casi consenso de los muchos estudios que se han llevado a cabo desde su entrada en vigencia es que sus efectos netos en Estados Unidos fueron bastante modestos: una pequeña ganancia de empleos, una ligera mejora en los salarios medios, un menor estímulo a la cooperación ambiental y, al menos antes de Trump, una mejora general en nuestra relación con México.

La desigualdad económica es uno de los grandes problemas de nuestro tiempo. El estancamiento de la clase media y la brecha cada vez mayor entre los extremadamente ricos y todos los demás amenazan nuestro tejido social constantemente, manifestándose en altas tasas de depresión, contribuyendo a la epidemia de opioides. Si no se controla, la desigualdad económica será un desafío existencial para nuestra democracia, pero es demasiado simple atribuir estos peligros al TLCAN, enorme reto a partir del día primero de diciembre de 2018.  

Compañía de Danza "México y su Folklore" Tultitlán Edo de Mex. La Cultura, una política de gobierno pendiente de diseñar e implementar.

La Compañía de Danza "México y su Folklore" Es un grupo integrado por niñas, niños, mujeres y hombres que han venido fomentando las tradiciones de nuestro país a través de la Danza Folklórica.


Contribuir a la difusión y conservación de nuestra riqueza cultural de forma permanente, por que ello hace que constantemente tengamos presentaciones al interior de la República Mexicana, nos comenta el Profesor y Director Juan Yañez López, de hecho acabamos de tener una importante participación que nos llena de mucha alegría a toda la Compañía de Danza, misma que se realizó el pasado 20 de julio en un recinto muy importante, el Teatro de la Danza, nos llena de orgullo porque vivimos en Tultitlán Estado de México y sabemos de la importancia de tener estos espacios para que nuestras niñas y niños, mujeres y hombres representen orgullosamente nuestras tradiciones y a nuestro municipio. 
Compañía de Danza "México y su Folklóre.
Tultitlán Estado de México. 

Agradecemos particularmente a FUNDACIÓN ANAYANSI A.C. Alejandra Martínez Pérez, Javier Morán Rodríguez y Moisés Sánchez Ramírez,  quienes nos han apoyado, y por supuesto fomentando la participación de la sociedad civil a difundir y conservar nuestra riqueza cultural en el Estado de México, a difundir a nuestra Compañía y preocuparse por integrar a la cultura a las mujeres y hombres jóvenes e inhibirlos de actos que no ayuden a su desarrollo social y profesional, con ello mejorar la condición de vida muchas y muchos jóvenes para prevenirlos de caer en adicciones.



En el municipio de Tultitlán de Mariano Escobedo la Compañía de Danza "México y su Folklore" te invitan a participar, a que te integres y no solo disfrutes de estos bailes regionales sino que fomentemos juntas y juntos nuestras hermosas tradiciones.

Director Juan Yañez López. Para mayor información: 5576630499.

La categoría de género en el diseño de políticas públicas.

Pensar en la categoría de género nos permite considerar dos reflexiones, además de que demos partir del reconocimiento y la exigencia de la ...