Si bien en los últimos 35 años nuestro
país ha pasado por muchos procesos en todos los ámbitos de la administración
pública, también se ha teñido de rojo, la violencia en general no es la
excepción, las recurrentes crisis económicas y sociales, la lucha
por el poder político, los procesos electorales y lo mismo fraudes que han
impuesto a “presidentes” y a cualquier cantidad de representantes populares
mezquinos con interés propio, toda una historia que bien puede llevarnos muchos
años poder entender. Nada es circunstancial, la firma del TLC y después entrada
en vigor en 1994 marca una nueva etapa en la vida de nuestra propia historia,
como la renegociación que llevó al T-MEC año 2020, (Tratado México-Estados
Unidos-Canadá). El rumbo en realidad ha sido incierto, no hubo "transición
democrática", es un espejismo creado por la misma clase política y el engaño de
las llamadas “reformas estructurales”.
Pero, ¿cuál ha sido el desempeño del
Estado mexicano respecto a la organización administrativa, es decir, la Administración
Pública en México? la cual ha transitado por un largo proceso de formación,
configuración, adaptación y finalmente de maduración desde el siglo XIX hasta
el siglo XXI. Cerca de 180 años de transformación, cambios, reformas,
contrarreformas, programas de modernización, innovación gubernamental y los
nuevos paradigmas en la administración pública. Pero existe complejidad
respecto a ese “rumbo” si vinculamos esta larga trayectoria histórica cuando
nace con cuatro secretarías de Estado, resultado de la herencia colonial, en la
actualidad cuenta con 18 secretarias de Estado y una Fiscalía General de la
República. Además de 189 entidades paraestatales, producto del proceso de
privatización de empresas públicas que tiene más de 20 años y todavía continúa.
Diversas encuestas han mostrado que entre las principales causas de la escasa legitimidad y credibilidad de gobiernos en los tres niveles, está la poca capacidad para cumplir con sus funciones más elementales; la ineficiencia para ofrecer servicios y atender demandas sociales; su tendencia a interpretar discrecionalmente la ley, lo que genera abuso de autoridad, arbitrariedad e impunidad; la de responsabilidad de sus actos y omisiones, así como carencia de rendición de cuentas; y en forma destacada, el oportunismo, clientelismo y la corrupción.
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| Moisés Sánchez Ramírez Mtro. en Administración Pública. |
En este marco se podrían
establecer las condiciones para identificar las futuras tendencias de quienes
aspiran a cargos de elección popular en el proceso de 2021, de entender a la
administración pública en el presente siglo y de igual manera, aquellos asuntos
pendientes en la agenda de reforma del Estado que tiene que ver con el aparato
gubernamental y en el ámbito municipal la revisión exhaustiva de la enorme estructura
de corrupción, los malos manejos institucionales, de programas sociales y todo
lo que empaña a un gobierno local en tan solo 3 años; solo en una perspectiva
histórica e integral es posible, de manera responsable y consciente establecer
los derroteros que le deparan a la administración pública mexicana en el
presente siglo, pero si la marcha continúa con la propuesta de representantes
populares con poca visión, desconocimiento total del sistema político, económico,
social, cultural y geográfico de cada región; y con mayor razón incapacidad para
la conducción correcta de la administración pública estaremos hablando entonces de un desastre total.
¿Qué tendrían que hacer quienes aspiran a
cargos de elección popular? entender la historia de la administración pública
mexicana en sus tres estrategias de mejoramiento como lectura obligada: la reforma administrativa; la modernización
administrativa; la innovación gubernamental y los paradigmas actuales, es decir, la Historia de la Modernización de la Administración Pública en México, por los menos de los últimos 35 años. En diferentes momentos históricos -de éxitos y fracasos administrativos- deben
ser tomados en consideración en el momento de diseñar las futuras acciones de
mejoramiento administrativo.
¿POR
QUÉ FRACASAN LOS GOBIERNOS MUNICIPALES?
"Cuando
la expectativa supera a su realidad, no existe consistencia en su estilo de gobernar, se trabaja sobre la coyuntura privilegiando lo urgente e
inmediato"
En la antesala del proceso electoral de 2021, es importante ver hacia el pasado, retrospectiva-prospectiva
y tomar una excelente decisión con base en el análisis y diagnóstico objetivo y
claro. Sin embargo, ¿por qué fracasa un
(a) alcalde? Infinidad de situaciones se presentan en este flagelo que afecta a
los municipios.
Fracasan,
entre otras razones, cuando la expectativa supera a su realidad, no existe
consistencia en su estilo que no solo se ilustra con la falsa creencia de
la experiencia sino por la falta de conocimiento y preparación, además de la ya
burocrática y corrupta idea de que se trabaja sobre la coyuntura privilegiando
lo urgente e inmediato sobre lo realmente importante, es decir, cuando es
evidente que todo se improvisa y no existe capacidad de gestión de toda la
estructura de gobierno, pero más de quien la encabeza.
Un
(a) alcalde fracasa
cuando no sabe distribuir su tiempo, delegar o trabajar en equipo, no fomenta
una cultura organizacional que privilegie los valores, no establece mecanismos
de coordinación interna y un sistema de comunicación institucional.
Fracasa
cuando no muestra flexibilidad, capacidad y decisión para aceptar los errores y
adoptar las medidas correctivas de manera oportuna, que les permita superar las
desviaciones de un proceso de mejoramiento continuo, conducente a la búsqueda
de la excelencia organizacional.
En
consecuencia, deben mejorar su capacidad de gestión asumiendo la
responsabilidad de ser creativos e innovadores a la vez, para lograr hacer
mucho con poco y decimos que deben esforzarse en ser las dos cosas, ya que los
creativos piensan en cosas buenas y los innovadores hacen cosas buenas.
¿Cuáles
son las razones para que al alcalde se le señala como mal administrador? Varias:
Falta de conocimiento sobre hacienda pública, la principal. Además, poca experiencia
administrativa. A esto súmele la improvisación y las decisiones tomadas al
vapor consecuencia de la ignorancia, incapacidad e improvisación, así muchas de las
decisiones tomadas de un(a) alcalde sin un norte claro, sin visión de futuro para
el municipio. Un equipo de gobierno de bajo perfil que todavía muestra fallas
en la ejecución de las obras públicas, en temas de seguridad, de prevención de
los delitos, de la violencia feminicida y las violencias ejercidas contra
mujeres y niñas, producto de la mala gestión y no saber diseñar e implementar
políticas públicas y programas de acuerdo a las enormes carencias y demandas
sociales que poco le ayuda a mejorar la percepción que la
ciudadanía tiene de su administración. Por esta razón, la evaluación de su
gobierno será negativa.
En
este sentido, los problemas que enfrenta la ciudadanía día con día, también se
ubican en los gobiernos en sus tres niveles por sus decisiones erróneas de política,
su limitada provisión de servicios públicos en cobertura y calidad (impera aquí
la corrupción) y la pesadez de sus procesos.
Para
administrar un municipio se necesita de habilidades y destrezas que suelen
encontrarse en algunas profesiones, en mayor o menor medida. La administración
pública se ha tecnificado a tal manera que necesita de preparación previa,
conocimientos y experiencia específica en la materia. La experiencia en la
política es necesaria o el trabajo en el sector público. Cualquier persona tiene
el derecho a ser elegida (o), pero no cualquiera debe ser gobernante. Estos
personajes que nunca han participado en un cargo de elección popular o experiencia en la administración pública y que
llegan por arte de magia al poder, pueden ser una mala experiencia lo que
llevaría al fracaso rotundo a la administración pública como al partido político
que las o los postuló.
Puede
ser que este panorama les repudie, que odie la política y a los políticos, que
usted crea que son unos vulgares ladrones y tiene todo el derecho a pensarlo.
En esta “democracia” usted dirá que siempre están los mismos en el poder y que
las cosas no cambian; entonces no vote por los mismos, elija el mejor o por lo
menos el menor de los males, en un municipio todos se conocen, todos saben del
pasado de unos y otros; al fin: “pueblo chico, infierno grande”. Si usted
conoce el oscuro pasado de un (a) mal candidato (a), o el de su familia, no
espere que le salga un buen alcalde.
La contradicción social más devastadora es tener gobiernos que no gobiernen, debido a que su incapacidad e ineficacia ponen en riesgo la gobernabilidad, la calidad de la convivencia, la probabilidad del fracaso y no volver a elegir al mismo partido político.

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