jueves, 25 de junio de 2020

La violencia de género que se incuba en la sociedad y el Estado.

En sentido teórico, el fenómeno de la violencia de género ha sido ampliamente abordado en las décadas recientes, en parte por su incremento y la agudización de sus manifestaciones, pero también porque se incorporó en la agenda de los Objetivos de Desarrollo del Milenio que los países miembros de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) se propusieron alcanzar para erradicar la violencia; y en parte porque su comprensión impone contar con conceptos y categorías cada vez más apropiados para su análisis.

Inicialmente, la violencia contra las mujeres y los feminicidios se entienden como la articulación de dos procesos de recomposición. El primero se encuentra anclado al fenómeno de depauperación de las condiciones de vida (en particular de los espacios urbanos) que ha propiciado la expansión de una economía femenina de supervivencia (Sassen, 2003) caracterizada por la precariedad de los salarios y la casi nula existencia de protecciones sociales.

En segundo lugar, se observa una transformación del ejercicio de la sexualidad femenina derivada del incremento de la capacidad de decisión de las mujeres sobre su vida, y en particular sobre su cuerpo. Es posible dar cuenta de un desplazamiento de la centralidad del hombre como referente de estabilidad económica y emocional, que desemboca en una crisis de los esquemas patriarcales de género.


En este sentido, durante las últimas décadas, México ha avanzado en la construcción de una cultura basada en la igualdad entre mujeres y hombres. La legislación también ha avanzado sustantivamente en el reconocimiento, respeto, protección y garantía del ejercicio pleno de los derechos humanos de las mujeres, a la luz de los instrumentos y tratados internacionales que, en las últimas décadas, el Estado mexicano ha firmado y ratificado para robustecer el marco jurídico en materia de derechos humanos (Género, 2017).

La violencia que se ejerce en el mundo contra las mujeres causa más muertes y mutilaciones que cualquier otra guerra; sin embargo, solo recientemente se ha reconocido como un problema de derechos humanos (Fearon, 2017).

Para la Dra. Marcela Lagarde y de los Ríos, en la presentación de (Harmens, 2006).  La violencia contra las mujeres ocupa un sitio prioritario en la conciencia política de las mujeres, en la agenda política de las mujeres, en la agenda política democrática de cada país y del mundo; la violencia de género, sintetiza, además, formas de violencia sexista y misógina, clasista, etaria, racista, ideológica y religiosa, identitaria y política.

Continua la Dra. Lagarde, la violencia de género ya es percibida como un atentado a los derechos humanos de las mujeres y uno de los más graves problemas sociales y de urgente atención. La violencia se incuba en la sociedad y en el Estado debido a la inequidad genérica patriarcal: falta de democracia y de desarrollo, instituciones rebasadas por la problemática social, falta de políticas públicas adecuadas.

"Los hombres no se considerarían con derecho a maltratar a sus compañeras si la sociedad no les hubiera convencido de que éstas son una cosa de su propiedad, seres claramente inferiores. Y las mujeres no se dejarían maltratar si no hubieran sido socializadas para ser seres dependientes: esposas (medias naranjas), madres (sólo madres) y amas de casa (al servicio de los suyos).  Doblemente dependientes: emocional y económicamente".

"El sexismo está presente en todos los aspectos de la vida, desde la guardería a la universidad, desde los cuentos a los libros de texto, en la música, en las películas, los programas de televisión, la religión… y en la propia familia, que enseña a los niños y a las niñas a perpetuar los roles machistas".

Pero las complejidades epistemológicas y empíricas para estudiar la violencia contra las mujeres y niñas y, el desarrollo, especialmente el desarrollo humano con una visión de género, difícilmente pueden superarse si se abordan con las mismas ideas que han mostrado ser insuficientes para alcanzar la equidad y particularmente por los gobiernos municipales en todo el país. Es necesario, por lo mismo, recurrir a corrientes de pensamiento alternativas que enfrenten el reto de conciliar las dificultades empíricas y las complejidades lógicas, decimos que algo es complejo cuando nos enfrentamos a la dificultad de explicarlo y por supuesto de llegar a resolverlo, generalmente porque recurrimos a teorías, leyes y/o fórmulas simples y agotadas… o peor aún, a ocurrencias derivadas del desconocimiento total de este terrible fenómeno político y social llamados violencia de género y feminicidios, si bien el mundo globalizado de hoy se caracteriza por la aleatoriedad y la complejidad del comportamiento humano, lo que da lugar al principio de la incertidumbre, lo inesperado nos sorprende, porque nos hemos acostumbrado a nuestras teorías que no están construidas para incorporar lo novedoso, que inclusive puede destruirlas, como podría ser el enfoque de género.

Aunado a esta situación, se ha elaborado un breve ejercicio comparativo en relación con la incidencia de violencia familiar tomando como muestra los municipios de Coacalco de Berriozábal, Ecatepec de Morelos y Tultitlán de Mariano Escobedo, que se presenta en el siguiente cuadro:

Cuadro 1. Comparativo de incidencia de VIOLENCIA FAMILIAR correspondiente al periodo enero- mayo de los años 2018-2020. Carpetas de investigación ante la Fiscalía General de Justicia del Estado de México.  

Municipio
Año/Mes
Enero
Febrero
Marzo
Abril
Mayo
Total, de denuncias

Coacalco de Berriozábal
2018
5
13
10
4
8
40

2019
6
10
8
23
14
61

2020
16
12
18
18
22
86

Total
187
Ecatepec de Morelos
2018
60
77
103
83
79
402

2019
65
58
73
80
74
350

2020
124
127
112
152
137
652

Total
1,404
Tultitlán de Mariano Escobedo
2018
23
22
13
17
28
103

2019
11
18
19
22
23
93

2020
28
29
35
70
57
219

Total
415
Fuente: Elaboración propia con datos del Semáforo Delictivo. http://edomex.semaforo.com.mx/Semaforo/perfil


La violencia es uno de los mecanismos usados para coaccionar a la mujer a una situación de subordinación hacia el hombre. La violencia contra las mujeres abarca una amplia gama de actos, desde acoso verbal y otras formas de abuso emocional, al abuso físico o sexual cotidiano. En el extremo del espectro está el feminicidio: el asesinato intencional contra una mujer. Los feminicidios son un problema social y de salud pública.

El cuadro comparativo de incidencia de VIOLENCIA FAMILIAR correspondiente al periodo enero- mayo de los años 2018-2020 es una muestra clara del incremento de la violencia contra la mujeres y niñas, violencia que se ejerce al interior de los hogares bajo la sombra de la impunidad, omisión y en muchas ocasiones por el desprecio y la discriminación. 

Existe una particularidad entre los tres municipios: geográficamente, por el número de población, sectores productivos y, sobre todo, dos de ellos fueron decretados con la Alerta de Violencia de Género contra las Mujeres en julio del año 2015, Ecatepec y Tultitlán. Si bien Coacalco no tiene la declaratoria de AVGM, los datos muestran la fragilidad de muchas mujeres que diario viven el terror de la violencia familiar (doméstica) en el municipio y sobre todo no saber a dónde acudir para recibir la atención inmediata, contención psicológica y, lo importante, asesoría legal especializada; en muchos casos ser victimizadas en las instancias municipales o ministerios públicos que es en dónde se realiza la carpeta de investigación correspondiente por el delito. Por lo que corresponde a cada municipio y a los Institutos de la Mujer reforzar las medidas urgentes y necesarias, no sólo para reducir las cifras, sino para erradicar finalmente la violencia contra las mujeres y niñas.  

Los meses de marzo a mayo corresponden justamente a la situación actual, la pandemia, hecho que ha incrementado la violencia al interior de los hogares por el resguardo obligatorio ante la emergencia nacional, situación que evidentemente es grave por el grado de violencia y no poder encontrar la debida diligencia y ser atendidas como lo establece el protocolo nacional. Las agresiones contra las mujeres aumentan como consecuencia del confinamiento, y con base en mi experiencia, se relacionan con las diferencias socioeconómicas entre hombres y mujeres. ¿A qué están obligados los gobiernos municipales ante esta situación que vemos no se detiene? La respuesta, en muchas ocasiones, no la saben, desconocen o simplemente se les ocurre llevar acabo una acción, tomarse la foto, salir en los periódicos locales y mediáticamente para ellos es cumplir. 

Recientemente hemos observado la conducta electorera, es decir, poco a poco nos daremos cuenta que candidatas y candidatos a cargos de elección popular tomarán como bandera político-electorera en discursos preparados y falsos la violencia contras las mujeres y niñas y feminicidios, la incapacidad para conocer de fondo este fenómeno político y social resumirá en consecuencia un discurso con líneas sin un sustento científico, metodológico y que se lleve en prospectiva un diagnóstico para conocer las causas y consecuencias que originan la violencia contra las mujeres y niñas con la finalidad de elaborar realmente un programa de trabajo para diseñar e implementar políticas públicas con perspectiva de género que resuelvan la situación que prevalece en los tres municipios.       

Niñas, mujeres, jóvenes, adultas y de edades avanzadas viven en riesgo constante de sufrir algún tipo de violencia, y prácticamente todas, en algún momento de su vida, ha sido víctimas de violencia o han experimentado su amenaza, pero la peor amenaza y silenciosa es la violencia familiar, esta que se vive diariamente, en donde 1 de cada 3 mujeres la sufre, no basta inundar las redes sociales con información que finalmente no llegará, en gran medida, a ese sector de la población ya que no tienen el acceso debido o sufre violencia extrema al grado del control de acceso a todo medio para recibir la información adecuada, la modalidad en este confinamiento, como hemos venido observado, son las conferencias, los talleres, etc. Que finalmente llegan a tener hasta 5 u 8 personas presenciándolos y que limita mucho la ayuda que debe ser dirigida a los hogares de manera personal.  
    
En este sentido, la violencia contra las mujeres representa una violencia a los derechos humanos y constituye uno de los principales obstáculos para lograr una sociedad igualitaria y plenamente democrática. En marzo cuando comenzó el confinamiento, se dispararon las llamadas de auxilio por violencia contra la mujer. Desde el inicio del confinamiento doméstico por la expansión del coronavirus, los servicios de emergencia del país han recibido más de 40 mil llamadas relacionadas con violencia contra la mujer en sus hogares.

El confinamiento por la pandemia del Covid-19 agudiza el fenómeno político y social de violencia dentro de los hogares, las autoridades deben reforzar sus canales de atención a víctimas y sus medidas de prevención y protección, el grave y serio problema es que, en muchos casos, los gobiernos locales no saben cómo asumir la responsabilidad y sobre todo por el desconocimiento del diseño, formulación e implementación de una política pública con perspectiva de género. En el contexto del aislamiento domiciliario como medida de prevención ante la pandemia del Covid-19 se ha pronunciado la violencia doméstica como se muestra en el cuadro, en donde las mujeres, las niñas, niños y adolescentes son la población más afectada. La situación de violencia dentro de los hogares no debe considerarse un asunto separado de la política pública por ocurrir en un espacio privado y, por el contrario, debe ser una de las prioridades de las autoridades municipales. Especialmente en la situación de emergencia sanitaria y el aumento de la violencia intrafamiliar durante la cuarentena.

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