El
fenómeno de la violencia de género ha sido ampliamente abordado en las décadas recientes,
en parte por su incremento y la agudización de sus manifestaciones, pero
también porque se incorporó en la agenda de los Objetivos de Desarrollo del
Milenio que los países miembros de la Organización de las Naciones Unidas (ONU)
se propusieron alcanzar para erradicar la violencia; y en parte porque su
comprensión impone contar con conceptos y categorías cada vez más apropiados
para su análisis.
Inicialmente,
la violencia contra las mujeres y los feminicidios se entienden como la articulación
de dos procesos de recomposición. El primero se encuentra anclado al fenómeno
de depauperación de las condiciones de vida (en particular de los espacios
urbanos) que ha propiciado la expansión de una economía femenina de
supervivencia (Sassen, 2003) caracterizada por la precariedad de los
salarios y la casi nula existencia de protecciones sociales.
En
segundo lugar, se observa una transformación del ejercicio de la sexualidad
femenina derivada del incremento de la capacidad de decisión de las mujeres
sobre su vida, y en particular sobre su cuerpo. Es posible dar cuenta de un
desplazamiento de la centralidad del hombre como referente de estabilidad
económica y emocional, que desemboca en una crisis de los esquemas patriarcales
de género.
Durante las últimas décadas,
México ha avanzado en la construcción de una cultura basada en la igualdad
entre mujeres y hombres. La legislación también ha avanzado sustantivamente en
el reconocimiento, respeto, protección y garantía del ejercicio pleno de los
derechos humanos de las mujeres, a la luz de los instrumentos y tratados
internacionales que, en las últimas décadas, el Estado mexicano ha firmado y
ratificado para robustecer el marco jurídico en materia de derechos humanos (Género, 2017)
El término “género” designa
los atributos vinculados socialmente al hecho de ser hombre y mujer a las
relaciones entre mujeres, hombres, niñas y niños. Estos atributos y relaciones
han sido determinados socialmente y se adquieren mediante socialización. El
concepto de género incluye también las expectativas sobre las características,
aptitudes, probables conductas tanto de hombres como de mujeres, y cuando se
aplica al análisis social, revela funciones determinadas socialmente. Sexo y
género no son términos equivalentes. Mientras que sexo se refiere a las
diferencias biológicas, género guarda relación con las diferencias sociales que
pueden modificarse, ya que la identidad, las funciones y las relaciones de género
vienen determinadas por la sociedad (Unión, 2012)
El género es un elemento
constitutivo de las relaciones sociales basadas en las diferencias que
distinguen los sexos, es una forma primaria de relaciones significantes de
poder (Scott, 1996) ; así, es concepto
relacionado con las construcciones sociales, de lo que implica ser mujer u
hombre y determina la forma en que se presentan las relaciones entre ambos
sexos.
Los temas de género son parte
de la agenda urgente del país. Desde los avances legislativos y de conformación
de los órganos parlamentarios. Pero evidentemente, las cuestiones relacionadas
con el género van mucho más allá;
La violencia siempre ha estado
presente en cada etapa de la humanidad y en toda la historia nunca ha podido
ser dominada, al contrario, la aplicamos cuando lo creemos necesario.
El fenómeno de la violencia de
género ha sido ampliamente abordado en las décadas recientes, en parte por su
incremento y por la agudización de sus manifestaciones, pero también porque se
incorporó en la agenda de los Objetivos de Desarrollo del Milenio que los
países miembros de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) se propusieron
alcanzar para erradicar la violencia; y en parte porque su comprensión impone
contar con conceptos y categorías cada vez más apropiados para su análisis (Salgado) .
La violencia que se ejerce en
el mundo contra las mujeres causa más muertes y mutilaciones que cualquier otra
guerra; sin embargo, solo recientemente se ha reconocido como un problema de
derechos humanos (Fearon, 2017) .
Las luchas y los movimientos
de las mujeres a lo largo del siglo XX colocaron la violencia de género como un
problema político para el mundo.
A través de investigaciones
científicas diferenciamos las formas de violencia, erradicamos conceptos
misóginos no científicos, como el del crimen pasional, y definimos
jurídicamente la violencia sexual -la violación, el estupro, el incesto, el
acoso-, la violencia conyugal y familiar, la callejera, y otras formas de
violencia de género: laboral, patrimonial, psicológica, intelectual, simbólica,
lingüística, económica, jurídica y política, con la presentación de la Dra.
Marcela Lagarde y de los Ríos. (Harmens, 2006)
Para la Dra. Marcela Lagarde y
de los Ríos, en la presentación de (Harmens, 2006) . La violencia contra las mujeres ocupa un
sitio prioritario en la conciencia política de las mujeres, en la agenda
política de las mujeres, en la agenda política democrática de cada país y del
mundo; la violencia de género, es decir la violencia por el solo hecho de ser
mujer, sintetiza, además, formas de violencia sexista y misógina, clasista,
etaria, racista, ideológica y religiosa, identitaria y política.
Continua la Dra. Lagarde, la
violencia de género ya es percibida como un atentado a los derechos humanos de
las mujeres y uno de los más graves problemas sociales y de urgente atención.
La violencia se incuba en la sociedad y en el Estado debido a la inequidad
genérica patriarcal: falta de democracia y de desarrollo, instituciones
rebasadas por la problemática social, falta de políticas públicas adecuadas.
La violencia de género puede
darse de diferentes formas y también en diferentes contextos (Heyzer, 2000) según el contexto en
el que se da la violencia se puede dar de diferente forma:
1. Violencia en la familia o violencia domestica:
a. Violencia en las relaciones de pareja
b. Violencia en las relaciones de noviazgo
2. Violencia en los conflictos armados
3. Violencia en la sociedad
a. Agresiones sexuales
b. Explotación y tráfico de mujeres: con fines sexuales o con otros fines
4. Violencia en el ámbito laboral
a. Acoso sexual
b. Bullying o mobbing
5. Violencia en los medios de comunicación
a. Explicita: pornografía, violencia física representaciones de violación o
esclavitud sexual y utilización de mujeres y niñas como objetos sexuales.
b. Implícita: estereotipos sexistas.
6. Violencia institucional
a. Física
b. Emocional
c. Sexual
d. Aborto o esterilización forzada
7. Violencia en las tradiciones culturales
a. Mutilación genital femenina
b. Matrimonios precoces
c. Crímenes por honor
d. Crímenes por la dote
e. Ejecuciones extrajudiciales
La violencia es uno de los mecanismos usados para
coaccionar a la mujer a una situación de subordinación hacia el hombre. La
violencia contra las mujeres abarca una amplia gama de actos, desde acoso
verbal y otras formas de abuso emocional, al abuso físico o sexual cotidiano.
En el extremo del espectro está el feminicidio: el asesinato intencional de una
mujer, por el hecho de ser mujer. Los feminicidios son un problema
social y de salud pública.
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS),
la violencia contra la mujer es un importante problema de salud pública y una
violación a los derechos humanos. Para las mujeres en muchas partes del mundo,
la violencia es una de las principales causas de lesiones y discapacidad y un
factor de riesgo de sufrir otros problemas de salud física, mental, sexual y
reproductiva.
Las estimaciones mundiales publicadas por la OMS indican
que alrededor de una de cada tres mujeres en el mundo ha sufrido violencia
física y/o sexual por parte de su pareja en algún momento de su vida. Un 38% de
los asesinatos de mujeres que se produce en el mundo es cometido por su pareja
masculina.
La
violencia contra las mujeres representa una violencia a los derechos humanos y
constituye uno de los principales obstáculos para lograr una sociedad
igualitaria y plenamente democrática.
Niñas,
mujeres, jóvenes, adultas y de edades avanzadas viven en riesgo constante de
sufrir algún tipo de violencia, y prácticamente todas, en algún momento de su
vida, ha sido víctimas de violencia o han experimentado su amenaza por el
simple hecho de ser mujeres.
Actualmente
el México persisten las brechas en la medición del fenómeno social los
feminicidios. Se sabe que la mayor parte de las defunciones de mujeres por
homicidio no son contabilizadas como feminicidios, a pesar de que muchas de
estas ejecuciones cumplen con la tipificación. En cada uno de los códigos
penales de las entidades hay variaciones importantes en lo que se refiere a
razones de género, lo que representa diferencias en las brechas de la medición
de la violencia feminicida contra las mujeres.
De
acuerdo con datos de la ONU entre 2014 y 2017 fueron ejecutadas en promedio
8,904 mujeres, sin embargo, solo un 30 por ciento de los casos fueron
investigados bajo el protocolo de feminicidios.
En
su último balance, el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio apunta que
la mayoría de las mujeres en México han sido asesinadas de manera brutal,
mediante diversos métodos; golpes, estrangulamiento, asfixia, quemaduras,
envenenamiento y heridas producidas por arma punzocortante y de fuego. Y las
víctimas de feminicidio fueron encontradas en espacios públicos como:
carreteras, terrenos baldíos, hoteles, bares, hospitales, restaurantes, entre
otros. Lo que evidencia el nivel de riesgo e inseguridad que viven las mujeres
en esto espacios.

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