El marte 11 de septiembre del
año 1973, Salvador Allende, presidente de Chile, ingresa por la mañana al
palacio de la moneda, sede del gobierno chileno, sigiloso y pensativo sabe que
las fuerzas armadas intentan destituirlo, pero él se niega a entregarse ante la
solicitud de renuncia al cargo. Así
comienza la dictadura de Augusto Pinochet, envolviendo al país en llamas tras
los ataques al palacio de la moneda.
El 4 de septiembre de 1970
Salvador Allende había ganado las elecciones en Chile, con una coalición
formada por partidos de izquierda socialistas y comunistas, con la firme
convicción de impulsar una revolución socialista mediante la vía democrática.
Al inicio de su mandato, Salvador Allende nacionaliza el cobre a través de una
ley, que es el principal producto de exportación del país, la reforma agraria y
la repartición de tierras para campesinos del país, la nacionalización del sistema
financiero y nacionalizando empresas extranjeras en manos del sector privado.
Las bases populares en Chile
apoyaban si duda a Salvador Allende, pero el enemigo que enfrentaba era el
poder del capitalismo voraz, que se sentían amenazados por la inminente construcción
de un sistema socialista en Chile y perder el poder político y económico en
América Latina, Estados Unidos comienza a ver con malos ojos el desarrollo
chileno con un sistema contrario a sus intereses, por lo que comienza a crear
un plan siniestro y no permitir una rebelión como la que se dio en Cuba después
de la Revolución, así crear la Doctrina
de la Seguridad Nacional: “los militares latinoamericanos son objeto de
presiones ideológicas para desarrollar en ellos el sentido de la admiración por
el “american way of life”, lo cual logran a través de las actitudes sociales y
del “patrocinador social”. Este ejerce el papel de tutor en cada uno de los
cursos y se hace posteriormente un seguimiento al militar cuando regresa a su
país. También se valen para ello de giras de “orientación” para oficiales de
alta graduación que recorren los Estados Unidos con el objeto de compenetrarse
más del “espíritu americano”. Otras instituciones estadounidenses encargadas de
formar la oficialidad y suboficialidad latinoamericana son la Academia
Interamericana de las Fuerzas Aéreas, la Universidad del Aire, la Escuela para
Comandantes de Escuadrón, la Academia de Comandos y Estado Mayor, la Academia
de Guerra Aérea, la Academia de Guerra Naval y la Academia Interamericana de
Policía. Todas esas instituciones produjeron una militarización creciente de la
política latinoamericana como resultado, en gran medida, de la dependencia
militar con respecto a los Estados Unidos y al criterio de defensa del hemisferio
contra el socialismo- comunismo. Es así como el anticomunismo se constituyó en
elemento esencial para la preparación ideológica de las fuerzas armadas. Los
gobiernos norteamericanos, desde Truman y Eisenhower, en razón a lo anterior se
declararon partidarios de una política de estabilidad en el continente, donde
el golpe de Estado y la dictadura se convirtieron en la norma y no en la
excepción.
A cada golpe de Estado y la
consecuente dictadura se le dieron nombres simbólicos como eufemismos de
acuerdo con su envergadura e importancia, tenemos los casos de: Operación Mandrake
en Bolivia, Operación Popeye en Laos, Operación Revuelta en Panamá, Plan Camelot
en Chile, Plan Lasso en Ecuador y Colombia, Plan de Aldeas Estratégicas en Vietnam,
Operación 20 en Cuba, Plan Colonia en Perú, La Alianza Anticomunista en Argentina,
La Operación Tonton Macouts en Haití, Rosa Blanca en Cuba, Patria y Libertad en
Chile, Escuadrón de la Muerte en Brasil, Mono en Nicaragua, Gato en Venezuela,
Halcones en México, Guerreros Blancos en El Salvador, y los Planes Bandera y
Simpático, además de la última Operación “Causa Justa” llevada a cabo en Panamá
en diciembre de 1989, sin contar con la Organización Tradición, Familia y
Propiedad (TFP) como explicación mesiánica de los planes del imperialismo
estadounidense (Herrera, 1979: 17). Tales planes y operaciones, desde 1960 han
dejado en el devenir histórico de los pueblos latinoamericanos no pocos
presidentes derrocados y dictaduras insaturadas. Aquí la historia de los golpes
de Estado en Latinoamérica orquestados por Estados Unidos.
Fecha
|
País
|
Presidente
derrocado
|
Marzo 1962
|
Argentina
|
Arturo Frondizi
|
Julio 1962
|
Perú
|
Manuel Prado
|
Marzo 1963
|
Guatemala
|
Idígoras Fuentes
|
Septiembre 1963
|
República Dominicana
|
Juan Bosch
|
Octubre 1963
|
Honduras
|
R. Villeda Morales
|
Abril 1964
|
Brasil
|
Joao Goulart
|
Noviembre 1964
|
Bolivia
|
Víctor Paz
|
Junio 1966
|
Argentina
|
Arturo Illia
|
Septiembre 1973
|
Chile
|
Salvador Allende
|
Diciembre 1989
|
Panamá
|
M. Antonio Noriega
|
La
dependencia estructural que han tenido los Estados latinoamericanos frente a
distintas órbitas del poder y que después de la Primera Guerra Mundial se
definió a favor de los Estados Unidos, se diversificó a partir de la adopción
de la DSN. La nueva dependencia estructural es económica, financiera, tecnológica,
política, ideológica, cultural y científica, y desde cada una de sus variantes
opera una intervención en los asuntos internos de cada país moldeando sus desenvolvimientos
con arreglo a fines y propósitos del capitalismo metropolitano. El neoliberalismo
es tal vez la muestra más representativa de ello. El neoliberalismo no se
adoptó en los países de la región de manera simultánea; se presentó primero en
aquellos que aún vivían en dictaduras militares o en regímenes autoritarios, y
posteriormente en los países con democracias formales o instrumentales recién
fundadas o que atravesaban por una profunda crisis. En cada uno de ellos,
primero se adecuaron las constituciones y los desarrollos legislativos en el
marco del desarrollo de cada precepto constitucional, se crearon normas legales
que posibilitaran la implementación en bloque de las políticas neoliberales
como la flexibilización laboral, el recorte de algunas funciones de los Estados
y la ampliación de otras y el conjunto de las políticas privatizadoras en
concordancia con los intereses de las multinacionales y de los países
industrializados. Como consecuencias parciales del neoliberalismo, en América
Latina tenemos el incremento de los índices de Necesidades Básicas
Insatisfechas y, con ellos, el crecimiento exponencial de la pobreza y la
miseria. El aumento del desempleo, de la informalidad, de la inflación, de la
deuda externa, de la degradación del ambiente y de la desindustrialización
también son consecuencias parciales del neoliberalismo y ante esta problemática
se han cualificado y cuantificado las expresiones de rechazo, protesta y
resistencias por parte de los afectados, cuyas acciones son consideradas
reflejo de la crisis de gobernabilidad para unos y manifestación de la crisis
de hegemonía para otros.
La
fascinación hacia el estilo de vida estadounidense, la cultura consumista, la
actitud predatoria frente al ambiente, el desarraigo y renuncia a la
idiosincrasia y a los valores autóctonos, son, entre otras, consecuencias de la
adopción de la DSN que desde un principio intentó crear una uniformidad de
criterios frente a los más diversos aspectos de la vida, entre ellos, como ya
se ha indicado, la uniformidad política, cultural, ideológica, militar y
económica. Los pueblos que intentaron escaparse de esta especie de
neocolonialismo sufrieron los rigores del terrorismo agenciado por los Estados
Unidos, los pueblos que no otorgaron su riqueza sufrieron la embestida del
capitalismo voraz a través de las intervenciones bélicas y los golpes de Estado,
los pueblos (Brasil, Bolivia, Argentina, Uruguay) que recientemente no han
cedido a entregar a su pueblo enfrentaron al grupo hegemónico en el mundo, en
el caso de México sumiso por siglos ante los poderes, desde la invasión hasta
la imposición del neoliberalismo y el saqueo a la nación. La historia continua
y Venezuela hoy enfrenta en el siglo XXI la barbarie orquestada por Estados
Unidos, los países de América Latina y la Comunidad Económica Europea sumisos
ante Donal Trump y desde dentro con los opositores financiados bajo la sombra
de Milton Friedman.
"Yo no voy a renunciar,
colocado en un tránsito histórico,
pagaré con mi vida la lealtad del pueblo"
Salvador Allende, Chile, 11 de septiembre de 1973.

No hay comentarios:
Publicar un comentario