Desde el
último tercio del siglo XX y en pleno siglo XXI, se ha venido incrementando la
percepción de un malestar generalizado en México. Las estructuras económicas y
políticas heredadas como el capitalismo y el Estado-nación, así como las
instituciones y referentes que dieron sentido por siglos se resquebrajan. En el contexto
globalizador, nuevas formas de convivencia humana, no exentas de
contradicciones y tensiones, están emergiendo facilitadas y promovidas por las
nuevas tecnologías de la comunicación, por la utilidad de las redes sociales,
pero el efecto mayor de las políticas neoliberales implementadas por más de 30
años es sin duda el autoritarismo y la exclusión social, y por supuesto han abierto
las puertas a la narco-política y política-narco.
“Las protestas, manifestaciones de estudiantes, marchas y la solidaridad
de todo el pueblo mexicano exigiendo el fin de la violencia y la aparición con
vida de los 43 estudiantes desaparecidos en Ayotzinapa han paralizado el país.
Las voces pidiendo la dimisión del presidente Enrique Peña Nieto desde el
primer día de su mandato muestran un gobierno incapaz de revertir el descrédito
en el cual han caído las principales instituciones del Estado. Mientras tanto,
la clase política -cuyo ideario neoliberal compromete a los tres grandes
partidos, PRI, PAN y PRDMORENA y a sus aliados menores- prefiere enrocarse con
un discurso grandilocuente de éxitos privatizadores, de Pactos por México y su lucha contra el
narcotráfico. Desde hace treinta años, el neoliberalismo es el mantra con el
cual gobiernan el PRI y el PAN, tándem conocido como PRIAN”.
Esta
compleja realidad social se manifiesta de diversas maneras en nuestro país, esto
es, desde los ámbitos económico y político, en donde se perciben una
serie de disfuncionalidades y contradicciones debido a las estrecheces
inherentes a estos sistemas institucionales, como también a las propias
dinámicas de exclusión/inclusión, con sus secuelas de marginación y desigualdad
heredadas del pasado. Esto nos permite afirmar desde una perspectiva global,
que la crisis generalizada y multidimensional, que experimenta la sociedad
mexicana desde el pasado y el extinto sexenio peñista, no es puramente endógena ni
impuesta. Tal es el caso de tres problemas ancestrales de la realidad social
mexicana que se han exacerbado en los últimos cincuenta años: la desigualdad, la exclusión y
la violencia.
Históricamente,
desde nuestro pasado colonial, México se ha caracterizado por una enorme brecha
entre los pocos que tienen mucho y los muchos que apenas tienen algo, que dista
mucho de la histórica retorica del poder político, en los últimos 30 años la
brecha se ha ensanchado.
Para
entender esta desigualdad, tiene su
correlato económico, social, cultural y político con una enorme masa de
desposeídos marginados del tener, del saber y del poder, lo que se expresa en
un gran número de personas que no tiene acceso a servicios elementales, falta
de acceso a la educación por tener que trabajar, y quienes tienen oportunidad
acceden a educación de mala calidad, campesinos y otros grupos que han tenido
que abandonar el campo, sus negocios y casa, y migrar para huir de la violencia
y la miseria, con las dramáticas consecuencias que esta movilidad conlleva,
derivados del proceso de aculturación y la propia trasculturación, así como la
exclusión de amplias franjas de la población a empleos dignos, a condiciones
dignas de vivienda y a un futuro en el sentido amplio del término. La exclusión
va más allá de lo económico, ya que también a través del racismo, la homofobia,
el patriarcado, el clientelismo, la ideología y la discriminación étnica y
cultural.
“Marx recobra importancia en este escenario de agudos desequilibrios
capitalistas. Por esta razón sus explicaciones del funcionamiento y la crisis
del sistema exigen ser revisadas con gran atención”.
La sociedad
mexicana está sufriendo una situación de violencia estructural mezclada con
violencia criminal organizada (y desorganizada), pública y privada, oficial y
clandestina, desde ese régimen caduco priista antes de la alternancia del año
2000 y después, los doce años trágicos con los gobiernos panistas, hasta estos
últimos 6 años con Peña Nieto, que son justamente el análisis que se ofrece
desde una propuesta académica. La lectura del contexto no es sólo como una
situación de guerra por el control de los territorios, el despojo, el trasiego
y el mercado de las drogas; situación que ha alcanzado una visibilidad
particular a partir de 2007, este sexenio priista peñista, se ha convertido en
el más violento de la historia, ello revela la colusión entre delincuencia,
mercados y gobiernos, pero las consecuencias más inmediatas de lo descrito es
la situación de miedo e incertidumbre en prácticamente todas las capas de la
población. Los intereses de la clase política mexicana en su conjunto y la
interpenetración de gran parte de ella con el crimen organizado han tornado
insuficientes e ineficaces gran parte de las políticas públicas para resolver
la situación antes mencionada, lo que también ha abonado al descrédito de las
instituciones públicas e indudablemente de la clase política en nuestro país
que arrastran la institucionalidad de los partidos políticos.
Desde la
estructura, la violencia también se expresa al interior de las familias, en la
inequidad de género, no obstante que las mujeres han ganado espacio y
visibilidad en distintos ámbitos de la vida pública y privada. Las niñas y los
niños ahora más que nunca, están expuestos a presenciar la violencia dentro de
su hogar, como a ser víctimas de violencia emocional, física, sexual,
económica, patrimonial. Es en los hogares más pobres donde existe una mayor
prevalencia de trastornos crónico-degenerativos y mentales debido a que existe
un apoyo social inadecuado, ambientes violentos y caóticos, baja supervisión
parental en las familias, disfuncionalidad familiar, carencias afectivas,
proliferación de estilos de vida nocivos y entornos no saludables que resultan
en un incremento en el consumo de drogas y en la participación de conductas
ilícitas. Son la inseguridad y la violencia lo que impide a las personas salir
a parques y jardines a convivir, a divertirse y a ejercitarse (el 60% de niñas,
niños y adolescentes se consideran inactivos), lo que a su vez los impulsa a
ver la televisión y usar los video juegos, que más que promover valores
cívicos y sociales, presenta a la violencia como un modelo a seguir.
Particularmente la creciente violencia hacia las mujeres es lo que ha dejado un
saldo triste y que ha dañado a miles de familias en el país, la violencia de
género, las miles de desapariciones, la violencia feminicida y la explotación
sexual han marcado también a este sexenio y que históricamente vino creciendo
en los últimos 30 años en México.
Frente a este
escenario, diversos grupos se articulan alrededor de la exigencia de
reconocimiento, igualdad y justicia (víctimas, jóvenes, mujeres, colectividades
indígenas, feministas, LGBTTI, migrantes), instituciones (académicas,
religiosas, de derechos humanos, etcétera) y el gobierno, ensayan y proponen
esquemas y experiencias a corto y mediano plazo con vistas a solucionar estos
grandes problemas. Debemos buscar reconstruir redes sociales (no tecnológicamente
hablando) y familiares, con el fin de generar ambientes que apoyen a niñas,
niños mujeres y hombres jóvenes, a la sociedad en general a no perder la
esperanza y al mismo tiempo, a crear oportunidades que les permitan un futuro
digno, que promueva la salud física y emocional para enfrentarse con fortaleza
a las mafias que les ofrecen recursos fáciles de obtener y de gastar en un
consumismo desmedido.
“Hoy, la sociedad mexicana reclama un cambio, el fin de la narcopolítica
y de un régimen corrupto en manos del neoliberalismo y el crimen organizado, de
la enorme desigualdad social, de la imperante violencia, de la pobreza, de cientos
de miles de mujeres asesinadas, desaparecidas, de la explotación sexual, de las
desapariciones forzadas, de la persecución, de la represión, de un empleo y
salario digno, de la exclusión y marginación, México clama por su dignidad, por la libertad,
después del 1 de diciembre de 2018 ¿QUÉ
SIGUE?”.

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