martes, 4 de septiembre de 2018

Des-contextualizando el sexto informe de gobierno.


Desde el último tercio del siglo XX y en pleno siglo XXI, se ha venido incrementando la percepción de un malestar generalizado en México. Las estructuras económicas y políticas heredadas como el capitalismo y el Estado-nación, así como las instituciones y referentes que dieron sentido por siglos se resquebrajan. En el contexto globalizador, nuevas formas de convivencia humana, no exentas de contradicciones y tensiones, están emergiendo facilitadas y promovidas por las nuevas tecnologías de la comunicación, por la utilidad de las redes sociales, pero el efecto mayor de las políticas neoliberales implementadas por más de 30 años es sin duda el autoritarismo y la exclusión social, y por supuesto han abierto las puertas a la narco-política y política-narco.  

“Las protestas, manifestaciones de estudiantes, marchas y la solidaridad de todo el pueblo mexicano exigiendo el fin de la violencia y la aparición con vida de los 43 estudiantes desaparecidos en Ayotzinapa han paralizado el país. Las voces pidiendo la dimisión del presidente Enrique Peña Nieto desde el primer día de su mandato muestran un gobierno incapaz de revertir el descrédito en el cual han caído las principales instituciones del Estado. Mientras tanto, la clase política -cuyo ideario neoliberal compromete a los tres grandes partidos, PRI, PAN y PRDMORENA y a sus aliados menores- prefiere enrocarse con un discurso grandilocuente de éxitos privatizadores, de Pactos por México y su lucha contra el narcotráfico. Desde hace treinta años, el neoliberalismo es el mantra con el cual gobiernan el PRI y el PAN, tándem conocido como PRIAN”.

Esta compleja realidad social se manifiesta de diversas maneras en nuestro país, esto es, desde los ámbitos económico y político, en donde se perciben una serie de disfuncionalidades y contradicciones debido a las estrecheces inherentes a estos sistemas institucionales, como también a las propias dinámicas de exclusión/inclusión, con sus secuelas de marginación y desigualdad heredadas del pasado. Esto nos permite afirmar desde una perspectiva global, que la crisis generalizada y multidimensional, que experimenta la sociedad mexicana desde el pasado y el extinto sexenio peñista, no es puramente endógena ni impuesta. Tal es el caso de tres problemas ancestrales de la realidad social mexicana que se han exacerbado en los últimos cincuenta años: la desigualdad, la exclusión y la violencia.

Históricamente, desde nuestro pasado colonial, México se ha caracterizado por una enorme brecha entre los pocos que tienen mucho y los muchos que apenas tienen algo, que dista mucho de la histórica retorica del poder político, en los últimos 30 años la brecha se ha ensanchado.

Mtro. Moisés Sánchez Ramírez
Sección de Estudios de Posgrado e Investigación
ESCA STO TOMÁS IPN
Para entender esta desigualdad,  tiene su correlato económico, social, cultural y político con una enorme masa de desposeídos marginados del tener, del saber y del poder, lo que se expresa en un gran número de personas que no tiene acceso a servicios elementales, falta de acceso a la educación por tener que trabajar, y quienes tienen oportunidad acceden a educación de mala calidad, campesinos y otros grupos que han tenido que abandonar el campo, sus negocios y casa, y migrar para huir de la violencia y la miseria, con las dramáticas consecuencias que esta movilidad conlleva, derivados del proceso de aculturación y la propia trasculturación, así como la exclusión de amplias franjas de la población a empleos dignos, a condiciones dignas de vivienda y a un futuro en el sentido amplio del término. La exclusión va más allá de lo económico, ya que también a través del racismo, la homofobia, el patriarcado, el clientelismo, la ideología y la discriminación étnica y cultural.

“Marx recobra importancia en este escenario de agudos desequilibrios capitalistas. Por esta razón sus explicaciones del funcionamiento y la crisis del sistema exigen ser revisadas con gran atención”.

La sociedad mexicana está sufriendo una situación de violencia estructural mezclada con violencia criminal organizada (y desorganizada), pública y privada, oficial y clandestina, desde ese régimen caduco priista antes de la alternancia del año 2000 y después, los doce años trágicos con los gobiernos panistas, hasta estos últimos 6 años con Peña Nieto, que son justamente el análisis que se ofrece desde una propuesta académica. La lectura del contexto no es sólo como una situación de guerra por el control de los territorios, el despojo, el trasiego y el mercado de las drogas; situación que ha alcanzado una visibilidad particular a partir de 2007, este sexenio priista peñista, se ha convertido en el más violento de la historia, ello revela la colusión entre delincuencia, mercados y gobiernos, pero las consecuencias más inmediatas de lo descrito es la situación de miedo e incertidumbre en prácticamente todas las capas de la población. Los intereses de la clase política mexicana en su conjunto y la interpenetración de gran parte de ella con el crimen organizado han tornado insuficientes e ineficaces gran parte de las políticas públicas para resolver la situación antes mencionada, lo que también ha abonado al descrédito de las instituciones públicas e indudablemente de la clase política en nuestro país que arrastran la institucionalidad de los partidos políticos.  

Desde la estructura, la violencia también se expresa al interior de las familias, en la inequidad de género, no obstante que las mujeres han ganado espacio y visibilidad en distintos ámbitos de la vida pública y privada. Las niñas y los niños ahora más que nunca, están expuestos a presenciar la violencia dentro de su hogar, como a ser víctimas de violencia emocional, física, sexual, económica, patrimonial. Es en los hogares más pobres donde existe una mayor prevalencia de trastornos crónico-degenerativos y mentales debido a que existe un apoyo social inadecuado, ambientes violentos y caóticos, baja supervisión parental en las familias, disfuncionalidad familiar, carencias afectivas, proliferación de estilos de vida nocivos y entornos no saludables que resultan en un incremento en el consumo de drogas y en la participación de conductas ilícitas. Son la inseguridad y la violencia lo que impide a las personas salir a parques y jardines a convivir, a divertirse y a ejercitarse (el 60% de niñas, niños y adolescentes se consideran inactivos), lo que a su vez los impulsa a ver la televisión y usar los video juegos, que más que promover valores cívicos y sociales, presenta a la violencia como un modelo a seguir. Particularmente la creciente violencia hacia las mujeres es lo que ha dejado un saldo triste y que ha dañado a miles de familias en el país, la violencia de género, las miles de desapariciones, la violencia feminicida y la explotación sexual han marcado también a este sexenio y que históricamente vino creciendo en los últimos 30 años en México.

Frente a este escenario, diversos grupos se articulan alrededor de la exigencia de reconocimiento, igualdad y justicia (víctimas, jóvenes, mujeres, colectividades indígenas, feministas, LGBTTI, migrantes), instituciones (académicas, religiosas, de derechos humanos, etcétera) y el gobierno, ensayan y proponen esquemas y experiencias a corto y mediano plazo con vistas a solucionar estos grandes problemas. Debemos buscar reconstruir redes sociales (no tecnológicamente hablando) y familiares, con el fin de generar ambientes que apoyen a niñas, niños mujeres y hombres jóvenes, a la sociedad en general a no perder la esperanza y al mismo tiempo, a crear oportunidades que les permitan un futuro digno, que promueva la salud física y emocional para enfrentarse con fortaleza a las mafias que les ofrecen recursos fáciles de obtener y de gastar en un consumismo desmedido.

“Hoy, la sociedad mexicana reclama un cambio, el fin de la narcopolítica y de un régimen corrupto en manos del neoliberalismo y el crimen organizado, de la enorme desigualdad social, de la imperante violencia, de la pobreza, de cientos de miles de mujeres asesinadas, desaparecidas, de la explotación sexual, de las desapariciones forzadas, de la persecución, de la represión, de un empleo y salario digno, de la exclusión y marginación,  México clama por su dignidad, por la libertad, después del 1 de diciembre de 2018 ¿QUÉ SIGUE?”.

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