En los primeros minutos del día 24 de
mayo inician las campañas electorales para el tema local, es decir, diputaciones
locales, presidencias municipales, sindicaturas y regidurías, de manera
paralela, ya a la campaña federal, que dio inicio el 30 de marzo y que concluirán
el día 27 junio de 2018. Ante este escenario, son varias las lecciones y las incógnitas que dejaron
las pasadas elecciones en los estados de México, Coahuila, Nayarit y Veracruz.
Los resultados
obtenidos en 2017 por las diversas fuerzas políticas no definen quién ganará la
Presidencia, las ocho gubernaturas (Guanajuato, Jalisco, Ciudad de México,
Morelos, Puebla, Chiapas, Tabasco y Yucatán), el mayor número de diputaciones
en el Congreso de la Unión y los tres mil 216 cargos que se disputarán en el
tema local el próximo 1 de julio del presente año. En los ocho estados están en
juego 486 diputaciones de mayoría y 336 más por representación proporcional,
así como mil 548 alcaldías, regidurías y sindicaturas. Sin embargo, son el
antecedente a una de las contiendas electorales más competidas en la historia
de México.
El proceso pasado, 2017, dibujó un
escenario político-electoral del que partirán las cuatro principales fuerzas
políticas: PRI, PAN, Morena, PRD, para continuar, consolidarse, salvarse de la
debacle o posponer su desaparición como institutos políticos. De acuerdo con
los resultados finales del PREP, en Coahuila: Miguel Ángel Riquelme Solís (PRI)
obtuvo 38.31% de los votos; José Guillermo Anaya Llamas (PAN-ES-UDC-PPC),
36.81%; Armando Guadiana Tijerina, 12.04%; y Javier Guerrero García
(independiente), 7.44%.
El PREP del Estado de México reportó
que Alfredo del Mazo (PRI-PVEM-NA-ES) obtuvo 33.72% de los sufragios; Delfina
Gómez Álvarez (Morena), 30.81%; Juan Zepeda Hernández (PRD), 17.79%; y Josefina
Vázquez Mota (PAN), 11.29%.
En Nayarit, los porcentajes de
votación favorecieron a la alianza de Antonio Echevarría García
(PAN-PRD-PT-PRS), con 38.63%; Manuel Humberto Cota Jiménez (PRI-PVEM-NA) obtuvo
26.51%; Hilario Ramírez Villanueva (independiente), 12.34%; y Miguel Ángel
Navarro Quintero (Morena), 11.99%.
Aunque en Veracruz no se votó para
elegir gobernador es importante consignar que este estado cuenta con el tercer
padrón electoral más importante del país. Tuvo una participación ciudadana de
59.14% y la mayoría de los votantes favorecieron a la alianza PAN-PRD que
se quedó con 107 de los 212 municipios que se disputaron en las elecciones
del 4 de junio.
Por su parte, la alianza PRI-PVEM se
convirtió en segunda fuerza al ganar 40 municipios; mientras que Morena y Nueva
Alianza quedaron empatados con el mismo número de cabeceras distritales:
17.
De acuerdo con estas cifras: el PRI se
mete a la contienda por la Presidencia, que parecía posicionarse en un tercer
lugar, que parecía darse una contienda entre dos, entre el PAN (PRD-MC) y
Morena (PES-PT); el PAN se fortaleció poco a poco, aumentando su posibilidad de
regresar a la silla presidencial; Morena se coloca en una buena posición, en la
mejor que Andrés Manuel López Obrador ha tenido frente a la disputa por el
cargo presidencial; y el PRD logró un respiro, al integrar la coalición Por México al Frente.
Sin embargo, los números no son más
que un frío reflejo de lo que pasó en estos cuatro estados. Lo que quedó a la
vista de propios y extraños fue una lucha sin cuartel por el poder entre las
cuatro principales fuerzas políticas. Lo anterior se expresa ya, a través de
una intensa campaña de dimes y diretes, donde la opción de la ciudadanía
parecía ser escoger de entre todos al menos corrupto.
En 2017, el contexto fue otro, al final ganó quien pudo movilizar más recursos económicos, políticos y
materiales; quien fue apoyado por el partido con la estructura territorial y de
poder más grande; quien contó con el enorme soporte de recursos públicos,
estatales y/o federales; quien tuvo tiempo de calidad en los medios sin que su
imagen fuera golpeada una vez y otra también; quien tuvo el mayor voto duro a
su favor o quien ha construido una red de apoyos y favores mutuos entre
personas de escasos recursos, poca información y preparación formal y bajos
ingresos; o quien, en su defecto, logró obtener un porcentaje de votación tal
que la distancia entre el segundo y el primer lugar no pudo remontarse con
algún tipo de “truco electoral” a la hora de las votaciones, ni los PREP de
70%, ni conteos rápidos del 74%, ni algoritmos, ni urnas embarazadas,
abiertas, sin actas y sin la omisión de las autoridades electorales.
Esa realidad, alterna al ideal
democrático, quedó plasmada en aproximadamente mil 357 denuncias recibidas por
la FEPADE, de ahí que, lo dicho por Luis Videgaray Caso, como ejemplo contradictorio del actual régimen, Secretario de Relaciones
Exteriores, al referirse al reciente proceso electoral en Venezuela, (domingo 19 de mayo), “México, no
reconoce las elecciones ya que el proceso incumplió los estándares internacionales
democráticos, tomaremos medidas diplomáticas y financieras como protesta” (El Universal. Nación, 22 de mayo, 2018) no
cumple con lo mínimo en cuanto a calidad moral y ética política. Además, mediante el Sistema de Atención
Ciudadana durante la jornada electoral, en 2017, la fiscalía informó que a través
de su servicio telefónico recibió 884 quejas o denuncias por posibles
delitos electorales: 406 del Estado de México; 201 de Coahuila; 81 de Nayarit y
196 de Veracruz.
Existe la dificultad del PRI para
ganar, pues con todos los recursos invertidos sólo le dio para quedar dos o
tres puntos arriba de su adversario más cercano, tanto en el Estado de México
como en Coahuila. Aunque el PRI haya ganado en las dos entidades mencionadas,
va perdiendo votantes como reflejan los resultados de las elecciones para
gobernador en el Estado de México: en 2005, Enrique Peña Nieto obtuvo 48% de
los votos. Seis años después, Eruviel Ávila arrasó con 62%, mientras que
Alfredo del Mazo se llevó la victoria con un pálido 33.72%.
Ahora bien, que tan costosa resulta la
pseudodemocracia mexicana. Cada voto emitido el pasado 4 de junio costó al
erario más de 446 pesos, cifra que triplica el costo por voto en las elecciones
federales de 2012 y ubica los comicios locales de 2017 entre los más caros de
la historia. De acuerdo con datos del INE, los procesos electorales del Estado
de México, Veracruz, Coahuila y Nayarit tuvieron un costo global de 4 mil 948
millones de pesos. Para este proceso, 1 de julio 2018, se estima que se incrementará
cinco veces el número de funcionarios públicos a elegir. La duda pertinente es
si la cantidad global mencionada arriba se multiplicará por cinco o más dado lo
que se juega.

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