En México, si el Estado
desconoce el contexto de violencia contra las mujeres y niñas, de los
feminicidios, de todo lo aterrador que diario, minuto a minuto, cada segundo,
viven las mujeres y niñas en sus hogares, en su matrimonio, en las relaciones
de noviazgo y en los ámbitos de su propio desarrollo ¿qué será de las 32
entidades, los 2458 municipios y 16 alcaldías? Las situaciones de desigualdad,
discriminación y de violencia contra las mujeres y niñas son un hecho tan
aterrador como desconocido socialmente y sobre todo por las autoridades. Con
seguridad nadie ha hecho la relación completa de las situaciones de desigualdad,
discriminación y violencia contra las mujeres, con seguridad nadie ha elaborado
realmente un diagnóstico, todo mundo dice saber y no hace por resolver, con
seguridad no existe estadística real por los feminicidios, como un banco de
datos y sobre todo de ADN de las miles de víctimas. La creación de información
detallada sobre los patrones y la dinámica de esa violencia es crucial para una
comprensión más completa de sus causas y consecuencias, y para el diseño de
estrategias eficaces de prevención y abolición de la misma, como lo plantea la experimentada
psicóloga (Martínez, 2020) en sus tres vertientes:
1. “Los
feminicidas manejan un perfil sociópata (personas muy sociables) “se veía como
una persona normal” o psicópata (personas que se aíslan) que tienen poco
control de los impulsos, carentes de empatía, personas que no sienten dolor por
la violencia ejercida contra las mujeres y niñas, es decir, la conducta
feminicida puede ser fisiológica o conducta aprendida, “si un niño es
violentado en las primeras etapas de su niñez, va a desarrollar un trastorno de
estrés postraumático”, es decir, cuando llegue a la etapa adolescente comienzan
a mostrar pocas capacidades para lidiar con el estrés, impulsividad, la empatía,
la agresividad, nos les duele lastimar a las mujeres y niñas, las violencia es
su forma de vida producida por ese pasado tormentoso de abusos sexuales,
violación sexual, maltrato, abandono y sobre todo que en el desarrollo de su
niñez observaron las conductas violentas del padre hacia la madre. Esto
indudablemente afecta al niño en su desarrollo mental y emocional a través del
sistema límbico, crece pensando que la violencia es normal en su desarrollo, un
feminicida tiene deficiencias en los genes (MAO-A).
2. ¿Por
qué las mujeres en situación de violencia permanecen al lado del violentador,
con el psicópata, con el sociópata o con una persona que las lastima y ejerce
todo tipo de violencia? Son depredadores de mujeres que en muchas ocasiones
mantienen carencias afectivas desarrolladas desde la niñez, niñas violentadas,
abusadas y violadas sexualmente por algún familiar cercano. Las características
que los feminicidas muestran son “a una persona muy encantadora”, llevan a cabo
“la labor” de enamorar a las mujeres y crean una dependencia emocional de la
mujer hacia su pareja en donde inicia el ciclo de violencia: acumulación de
tensión- explosión- luna de miel y hasta llegar al feminicidio.
3. El
psicópata, un violador que atacó a una mujer en donde no existe relación
directa y están al acecho, termina, en muchos casos, con la vida de la víctima.
Finalmente existe en la relación mujer-hombre y sobre todo el perfil de estos
feminicidas va a ser fisiológico o por conducta aprendida. En este sentido la
corresponsabilidad es amplia, es decir, no sólo es un tema de Estado sino
social, de educación y formación, estos rasgos detectados por trastorno en las
parejas deben iniciar por una evaluación en las relaciones de pareja cuando se
detectan en la primera fase del ciclo de violencia, es en estas conductas donde
se debe ofrecer tratamiento de pareja cuando existe la disponibilidad y sobre
todo por la cantidad de registros que se dan al momento de las denuncias por
violencias de género, de lo contrario romper con la relación de manera categórica.
En cada situación, cada acto
de discriminación, cada hecho de violencia debiera contar con una definición,
con una sanción moral, o legal civil o penal, según el caso. Que la forma en
que los varones ven y tratan a las mujeres es un constructo social, parece
admitirlo la sociedad, de hecho, lo admite, pero ¿qué hemos hecho, qué hacemos,
para cambiar de raíz esa aberrante atrocidad? Lo muy poco que se hace, lo hacen
las propias mujeres, se diría que acompañadas con la más despreciable e
indiferencia de los varones.
La violencia contra las
mujeres emerge de la profunda y oscura distancia de los siglos y milenios.
Difícilmente cabe en la imaginación de nadie la dimensión de tal horror. Cuando
uno lee que se han tenido avances aquí o allá, el sentimiento es
indescriptible: casi nada comparada con la dimensión de ese infierno. En el
extremo está la inaudita monstruosidad del asesinato (feminicidio)
En lo que va de 2020, se ha
registrado un aumento del 7.7% de feminicidios, respecto al año anterior.
De acuerdo con cifras
presentadas por el Secretariado de Seguridad Pública Ciudadana, en enero hubo
74 feminicidios, en febrero, 92; en marzo, 78, en abril, 73 y en mayo también
73, pero en junio el número aumentó hasta 99, el reporte mensual más alto en lo
que va de 2020.
Los estados que registran más
feminicidios entre enero y junio son Estado de México con 63; Veracruz, 47;
Ciudad de México, 37; Puebla, 36, Nuevo León, 35 y Jalisco con 29.
Sin embargo, al comparar la
entidades por cada 100 mil mujeres Colima es la entidad más alta con una tasa
de 2.03, seguida de Morelos con 1.09; Nuevo León, 1.25; Baja California con
1.10; Nayarit, 1.09; Veracruz, 1.07; Puebla, 1.05; San Luis Potosí, 1.02;
Coahuila, 0.93; Oaxaca, 0.93; Chihuahua, 0.89; Quintana Roo, 0.82; Sinaloa,
0.82; Ciudad de México, 0.79 y Sonora, 0.78.
La estadística en tiempo real,
con un nivel municipal de desglose, permitiría implementar estrategias de
protección adecuadas para cada espacio local, pero no existe la capacidad local
para implementar las medidas urgentes y necesarias. La tecnología hoy disponible
incluso permitiría ubicar los lugares en donde enfrentan mayor amenaza las
mujeres y niñas con la precisión de un domicilio.
Detrás
de los feminicidios, existe una mezcla de múltiples factores que evitan que la
ciudadanía y sobre todo las mujeres y niñas tengan acceso a la justicia si
sufren violencia de género.
“De los 25 países con la mayor
tasa de feminicidios, 10 se encuentran en América Latina. Además, Honduras, El
Salvador y México están entre los cinco países del mundo con el mayor crecimiento
en las tasas de feminicidios de niñas y mujeres”.
Es fácil encontrar guerras de
cifras sobre el horror de feminicidio en México, y este hecho no refleja sino
la forma en que las instituciones mexicanas dan la espalda al problema.
El agresor aplica la violencia
para mantener el comportamiento de la mujer dentro de unos parámetros que
responden, exclusivamente, a la voluntad del hombre. De esta manera, el agresor
está convencido de su legitimación para utilizar la violencia con el fin de
lograr que la mujer se comporte conforme a un orden determinado. En eso, los
agresores de mujeres no se diferencian de ninguno de los dictadores
totalitarios que han asolado la historia de la humanidad. El agresor de género
es un dictador que impone su voluntad por medio de violencia en el marco
interpersonal de una relación de pareja”.
En este sentido, de la enorme dificultad que se presenta en el país, ninguno de los 32 estados, ni
los 125 municipios en el Estado de México es completamente transparente sobre
sus cifras, no responden a las solicitudes de información porque simplemente no
hay un mínimo dato recabado y sobre todo metodológicamente elaborado, lo que ha obligado a las organizaciones de la sociedad civil a realizar sus propia investigación, estadísticas y sobre todo a visibilizar lo que el Estado mexicano no ha querido atender.
Finalmente ¿Podrán, para
el caso del Estado de México, los 125 mostrar interés decidido para resolver la
problemática de la violencia contra las mujeres, las niñas y los feminicidios?
Sería un paso fundamental.

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