martes, 10 de marzo de 2020

8 DE MARZO 2020


Aunque sigue manteniendo su supremacía, el feminismo que se sitúa en reivindicaciones identitarias y culturales: la violencia, el pago igualitario y los derechos sexuales y reproductivos, se aleja de las críticas económicas y estructurales. Este feminismo surgido en los años 60-70 y que identificamos como la segunda ola feminista, ha sido criticado desde distintos ángulos, pues su discurso fue fácilmente asimilado por el neoliberalismo y transformado en su beneficio y en detrimento del objetivo feminista:

“El movimiento feminista de la segunda ola apuntó, simultáneamente, dos futuros posibles muy diferentes. En el primer escenario, se prefiguraba un mundo en el que la emancipación de género iba de la mano de la democracia participativa y la solidaridad social. En el segundo se prometía una nueva forma de liberalismo, capaz de garantizar, tanto a las mujeres como a los hombres, los beneficios de la autonomía individual, mayor capacidad de elección y promoción personal a través de la meritocracia. La ambivalencia del feminismo se ha resuelto a favor de la segunda opción, liberal-individualista, pero no porque fueran víctimas pasivas del modelo neoliberal. La segunda ola del feminismo surgió como una crítica al capitalismo de Estado, pero sólo ha servido al capitalismo neoliberal.


El capitalismo de Estado gestor de la posguerra ha dado paso a una nueva forma de capitalismo: el capitalismo globalizante, neoliberal, en el que las “libertades individuales” dominan sobre los valores democráticos, un nuevo capitalismo que ha separado lo social y cultural de lo económico, que individualiza los problemas sociales para desarticular la sociedad, escondiendo la estructura económica concebida para crear desigualdad.



Este capitalismo renovado significa algunas de las críticas del feminismo, al capitalismo de estado, para legitimar una nueva forma de capitalismo con el fin de ser respaldado por las nuevas generaciones.

Una de las críticas más radicales de las feministas al capitalismo de estado fue la de su ideal de familia, en donde la mujer era ama de casa y el varón contribuía con su salario, “salario familiar”, en el que centraron una crítica que integraba economía, cultura y política en un análisis de la subordinación de las mujeres en el capitalismo organizado de Estado.

La reivindicación feminista de acceder al salario, “privilegio del hombre”, no buscaba simplemente promover la plena incorporación de las mujeres a la sociedad capitalista como asalariadas, sino transformar las estructuras profundas del sistema. Esta reivindicación, la reformulo el neoliberalismo, legitimando:1) el “capitalismo flexible”, es decir flexibilización laboral: debilitando sindicatos y contratos colectivos, desplazando gran parte de la producción industrial hacia países con salarios y regulaciones menos exigentes. 2) El nuevo ideal de familia con dos salarios, ya que el neoliberalismo, necesita, para seguir obteniendo su tasa de ganancia, salarios más bajos, se apoya fuertemente sobre el trabajo asalariado de las mujeres, puesto que requiere un nuevo perfil de trabajador/a: personas flexibles, capaces de adaptarse a cambios rápidos, a los que se puede despedir fácilmente y que estén dispuestos a trabajar en horas irregulares.

El neoliberalismo aprovecho el sueño de la emancipación de la mujer mediante al acceso al trabajo asalariado, para ayudar al funcionamiento del motor de la acumulación de capital.

Es evidente que el feminismo de los años 70 abrió muchos caminos a la lucha feminista pero perdió su radicalidad y abandonó de manera progresiva la esfera económica en beneficio de una esfera cultural; el giro del feminismo hacia las política de la identidad encajaba con el avance del neoliberalismo, que no buscaba otra cosa que suprimir de su agenda la igualdad social.

El feminismo centrado exclusivamente en el reconocimiento y en la identidad, en un contexto de creciente crisis capitalista, está dando paso, aunque lentamente, a un feminismo en el que la lucha contra la desigualdad económica y social está en el centro de la política feminista. El feminismo no puede cerrar los ojos ante las políticas económicas neoliberales y tiene que estructurar su lucha por la emancipación de la mujer contra enemigos principales, el capitalismo, la violencia machista y la misoginia teniendo en cuenta la relación que existe entre la lucha feminista y la lucha de clases.

El 8 de marzo 2020 visualiza calles y plazas repletas en ciudades de todo el mundo, pero también una oportunidad para establecer una coordinación entre organizaciones de mujeres de diferentes países, es algo relativamente nuevo, “el comienzo de una base para internacionalizar el feminismo, desde abajo”. El movimiento está experimentando un renacimiento y es una alternativa a este “capitalismo en crisis”, pero también el movimiento experimenta, desde el temor, desde la injusticia, desde la impunidad, la omisión, el desprecio y por supuesto desde la violencia y los feminicidios crecientes movimientos feministas importantes en Latino América, surgido en Chile y de importancia mundial en México.  

Los dos últimos 8 de marzo (2018 y 2019) y particularmente este último (2020) en México, han reflejado el crecimiento del feminismo, algo que no siempre se traduce en cambios en el sistema. Este feminismo está intentando dibujar un nuevo camino, reconociendo que los modelos políticos establecidos no las ayudarán, que han llevado a un terrible deterioro las condiciones de vida. Se trata de superar el feminismo corporativo de élite hacia uno que habla por la mayoría abrumadora de mujeres y niñas víctimas de violencias y feminicidios, recogiendo las preocupaciones de las pobres, la clase trabajadora, las mujeres racializadas, queertrans, lesbianas, trabajadoras sexuales, amas de casa, mujeres con trabajos y salarios precarios... Estamos hablando de grupos sociales mucho más amplios, con muchas más inquietudes que exceden a aquellas del feminismo liberal, por lo que se podría llamar a esto una forma de feminismo de las clases trabajadoras, de mujeres y niñas en situación de violencia y extrema violencia.

La resistencia feminista a los procesos de mercantilización de los cuerpos y la vida de las mujeres es uno de los hilos conductores entre las luchas populares que llevaron a la derrota del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) y el enfrentamiento a la actual contra-ofensiva neoliberal y conservadora. Desde la auto-organización, la movilización en las calles, el enfrentamiento a transnacionales poderosas en los territorios y las prácticas políticas y económicas impulsadas por las mujeres, el feminismo se vuelve cada vez más una exigencia en los procesos de lucha anti-capitalistas, contrarrestar la injusticia, desde la impunidad, la omisión, el desprecio y por supuesto desde la violencia de género y los feminicidios crecientes.

A su vez, en el ámbito del feminismo implicó no aceptar que la agenda de género fuera instrumentalizada para legitimar los acuerdos de libre comercio. Las mujeres no aceptaron la incorporación de cláusulas de género en los tratados de libre comercio (TLC) propuestos porque el neoliberalismo y sus instrumentos estaban reorganizando nuestras vidas. Decir no al neoliberalismo significó denunciar que no basta con el reconocimiento de que ese modelo impacta de manera diferenciada en las mujeres: él mismo solo es posible porque se articula en sus prácticas de dominación y explotación con el patriarcado y el racismo.

Una nueva generación política del feminismo se formó en la lucha contra el neoliberalismo, rechazando vivir bajo las reglas del mercado. Los talleres y las intervenciones urbanas cuestionaban la invasión y control de los cuerpos y los comportamientos por las industrias farmacéuticas, de cosméticos y la publicidad; así como la heteronormatividad, la violencia y la prostitución, como instrumentos del patriarcado para mantener el control individual y colectivo de los hombres sobre las mujeres.

Con las estructuras del Estado al servicio de las élites corporativas, la criminalización de la pobreza y de quienes luchan contra ella se amplía en el continente, en especial en los países gobernados por la derecha. El genocidio de la juventud negra en Brasil, la violencia contra las poblaciones indígenas, el encarcelamiento masivo y la violencia feminicida en México evidencian el racismo, la injusticia y la impunidad de ese sistema, al mismo tiempo, la lucha contra la violencia de género y los feminicidios convocan a cada vez más mujeres. No es una cuestión individual, como la violencia sexista nunca lo ha sido. Un reto es lograr avanzar en la comprensión de las causas de la violencia sistémica y enfrentar esta como un todo contra la vida y los cuerpos, no separar las luchas contra la violencia patriarcal y racista de las luchas anticapitalistas.



La categoría de género en el diseño de políticas públicas.

Pensar en la categoría de género nos permite considerar dos reflexiones, además de que demos partir del reconocimiento y la exigencia de la ...