lunes, 31 de diciembre de 2018

EN TULTITLÁN: ... "LA PESADILLA TERMINÓ".

En opinión de: Mtro. Moisés Sánchez Ramírez

Paralelamente a la crisis que enfrenta México, crisis de violencia, la más grave de las últimas décadas, en el municipio de Tultitlán de Mariano Escobedo Estado de México no existe excepción, no sólo se cometieron más delitos del año 2016 a 2018, sino que sistemáticamente fueron más violentos. En los últimos tres años, los homicidios relacionados con el crimen organizado aumentaron y, a la par, los secuestros, las extorsiones y el delito de robo en muchas modalidades se incrementaron respectivamente.


Mtro. Moisés Sánchez Ramírez
Sección de Estudios de
Posgrado e Investigación
ESCA STO TOMÁS IPN 
En este sentido, las condiciones para Tultitlán no fueron las mejores, en la administración 2016-2018, los índices delictivos se incrementaron constantemente con las recientes ejecuciones de los meses de octubre y noviembre, por lo que este año 2018 representó para el gobierno de Jorge Adán Barrón Elizalde de extracción priísta, el año más violento y en donde más mujeres fueron asesinadas, se registraron 36 MUJERES ASESINADAS (feminicidios), es decir, el delito de feminicidio se incrementó de manera horrenda, sin olvidar que Tultitlán desde el año 2015 tiene emitida la Alerta de Violencia de Género, además de las mujeres que han estado desapareciendo, particularmente en este año 2018, hoy la pregunta es ¿qué hicieron realmente el presidente municipal y las autoridades edilicias (regidoras y regidores) al respecto?, nada, sí, absolutamente nada, no hicieron algo por resolver los problemas reales, sobre todo en temas de inseguridad y violencia, es lamentable que haya pasado tanto en Tultitlán, que lastima a la ciudadanía y que como respuesta deja a un Tultitlán herido, violento, inseguro, pero sobre todo con un enorme rezago social y pobreza a costillas de los altos presupuestos que se recibieron en la administración. Lo único que sé es que queda un enorme vacío institucional, un hueco de inestabilidad y de ingobernabilidad, que además para la próxima administración representa un enorme reto. El gobierno fallido de Jorge Adán Barrón Elizalde quedó a deber mucho, pero no sólo eso, sino que además los temas de corrupción y el manejo de las finanzas públicas fueron puestos en tela de juicio por la misma ciudadanía, no hubo programas sociales o diseño y ejecución de políticas públicas que resolvieran con urgencia los enormes problemas y rezagos, al contrario, estos aumentaron y hoy son un problema serio.

Pero, qué pasó en esta administración, 2016-2018, en el gobierno de Jorge Adán Barrón Elizalde, de todas y todos los integrantes del H. Cabildo (Síndica, regidoras y regidores), no entendieron, no supieron insertar a Tultitlán de Mariano Escobedo en la Nueva Gestión Pública, en la Gobernanza, ni siquiera en el modelo de la Co-creación gubernamental. Esto generó un contexto diferente, la percepción de la ciudadanía cambió en poco tiempo y además radicalmente; la corrupción y la violencia incrementó, omisión, indolencia y despreció, en las tres zonas del municipio la gente observa las enormes carencias y desigualdades, el aumento de la pobreza, de familias que carecen de lo más elemental, la escasez de agua fue uno de los problemas más delicados para la ciudadanía así como la inseguridad y el incremento de asesinatos, las bandas del crimen organizado tomaron el control de la “plaza”. La obra pública no se observa en las comunidades, es escasa, no para un presupuesto de más de 4 mil 500 millones de pesos en tres años, a pesar de la fallida estrategia de decir que Tultitlán fue primer lugar en tantas obras, en realidad no fue así, la percepción ciudadana desmiente a quien hoy deja al municipio en una severa crisis, quebrantado.

Esa percepción de la ciudadanía se traduce en que... nunca vieron a integrantes del cabildo caminar las calles, escuchar a la ciudadanía, preguntarles de sus enormes necesidades, fue un cabildo a modo y moderado, coloquialmente se les conoce como “levanta dedo”,

El gobierno priista no estuvo a la altura de las necesidades, ese "joven" como le decían en su campaña a JORGE ADÁN BARRÓN ELIZALDE no entendió y no quiso responder al contexto social, no miró y escuchó a la ciudadanía, a las organizaciones de la sociedad civil, dejaron a Tultitlán sumido en la peor crisis de ingobernabilidad, se van dejando en tres años 287 ASESINATOS; 17 SECUESTROS; 4,678 CARPETAS DE INVESTIGACIÓN POR ROBO DE VEHÍCULO; 455 DENUNCIAS POR ROBO A CASA HABITACIÓN; 1,201 NEGOCIOS FUERON ROBADOS, la mayoría con violencia; POR EL DELITO DE VIOLACIÓN 183 DENUNCIAS y por la VIOLENCIA EN LA FAMILIA, por este delito denunciaron 222 MUJERES EN SITUACIÓN DE VIOLENCIA, cifras del año 2016 a noviembre de 2018. 

Alarmantes cifras y que dejan una estela de violencia, corrupción, omisión, desprecio, indolencia en este gobierno que por fin se va.


miércoles, 5 de diciembre de 2018

México : clase política y ciudadanía.


México ha vivido un proceso de profundas transformaciones de distinto signo. Una de estas grandes mutaciones, sin duda, consistió en el respeto al derecho ciudadano a elegir en una elección democrática como una opción de gobierno distinto al que permaneció como partido hegemónico durante más de 80 años (PRI) y los 12 años de una derecha sumamente conservadora (PAN), en muchas ocasiones como aliado el PRD, según fuera el caso, si despertaban como izquierda democrática, radical o moderada.  En este escenario, no sólo se configuró una serie de condiciones que obligan a repensar los espacios e instituciones básicas para la organización política–administrativa del Estado, sino que también se generan un conjunto de condiciones sociales que impulsan la construcción de nuevas formas asociativas y de solidaridad social autónomas que exigen la apertura de los espacios públicos y, por tanto, acentuar la relevancia de la participación ciudadana en la consolidación de las democracias representativas, en tanto que el afianzamiento de esta forma de gobierno ya no dependerá sólo de que la ciudadanía ejerza libremente sus derechos políticos, sino de que también éstos se involucren (participen) activamente en los diferentes ámbitos y etapas del quehacer público.

Mtro. Moisés Sánchez Ramírez
SEPI-ESCA- SANTO TÓMAS
En este contexto, sin duda, el despliegue de diversos proyectos de participación ciudadana, auspiciados desde diversos ámbitos y actores (sociales y/o políticos), más sociales que políticos se ha vuelto una constante en la conformación de las relaciones entre gobernantes y gobernados. 

Desde mi perspectiva, la exégesis de la participación ciudadana se encuentra actualmente bifurcada. Por un lado, están las interpretaciones que resaltan la autonomía y lo alternativo, respecto de la esfera estatal, de dichos procesos participativos (es decir, la diferenciación entre Estado y sociedad) como los rasgos esenciales de su originalidad, así como los significados democratizadores y ciudadanos que, se supone, son propiedades inmanentes de dichos procesos. Por otra parte, el contacto y la proximidad (esto es, la comunicación e incluso la interacción entre lo estatal y lo social) recreados a través de dichos proyectos de participación ciudadana, son traducidos, regularmente, como propiedades secundarias o artificiales, en tanto que sólo denotan el despliegue de acciones estratégicas para la conformación de una mayor legitimidad democrática y el respectivo control de la participación ciudadana por parte de órganos de representación política.

Entonces, el espacio público representa la sociabilidad, pero también el conflicto, y contiene oportunidades de entendimiento y disenso; por ello, se presenta una relación inseparable entre espacio público y ciudadanía. A partir de la misma, se puede abordar la forma en que se concibe a los ciudadanos, cómo participan y cómo se relacionan. Por su parte, los espacios públicos son vitales para crear, modificar y desarrollar instituciones que puedan representar los intereses de las personas. No obstante, existen distintas concepciones en torno al ejercicio e identidad del ciudadano, desde el liberalismo, republicanismo y comunitarismo, así se identifica la naturaleza de la relación que se establece con el espacio público.

El actual contexto sociopolítico en México, la nueva ciudadanía y los problemas de la política, dan cuenta en muchos aspectos de una crisis que palpita durante los últimos años. Esta, tiene múltiples aristas que dan cuenta de una crisis política integral que abarca diversos ámbitos.
En un primer momento, la crisis política se manifiesta como crisis de confianza, principalmente hacia los políticos y las instituciones: “Lo que existe es una crisis de legitimidad asociada a una crisis de confianza. La ciudadanía no está confiando ni en las instituciones ni en los actores políticos”. Además, es una crisis de confianza que se hace extensible a otros planos, pues se centra en el rol de las elites, y por tanto, el argumento se traslada hacia las cúpulas que detentan el poder: “Esta crisis es muy dolorosa porque es una crisis de las elites, no todas las elites pero, para ser franco las tres elites que figuran entre las más esenciales para el desarrollo armónico de un país”.

Otra arista refiere directamente a la relación política-ciudadanía. Esta perspectiva responde a una crisis de representatividad, y por tanto a una separación entre intereses políticos y sociales. Podría exponerse, por un lado, que dicha crisis estaría motivada por una incapacidad de la política de representar intereses sociales: “[…] la política […] no tiene la capacidad -política- de dar respuestas a estas presiones, demandas y exigencias […] De este modo, ‘los representantes’ no pueden satisfacer la demanda de ‘los representados”. No obstante, también es una crisis de representatividad provocada por una ciudadanía que no percibe los canales institucionales como espacios validos de representación: “Tener que incidir a través de los partidos políticos tradicionales quedó atrás. Ahora la ciudadanía se expresa y quiere incidir sin estar en los partidos políticos”.

Esta deficiencia de representación de carácter bidireccional podría condensarse en la ruptura entre política y sociedad sufrida durante la transición y que hoy se vuelve conflictiva: “La crisis política que tenemos hoy día en México de representatividad […] tienen sus raíces en la separación que se establece entre política institucional y sociedad en el gobierno de la transición”.

Las visiones de la crisis política no hacen sino sentar las bases de la existencia de una crisis de legitimidad del sistema político y, por tanto, visibilizan la situación actual a partir de un problema de validez de la estructura política que supera lo meramente coyuntural: “No toda crisis política se convierte necesariamente per se en crisis institucional. Pero, al parecer, la nuestra sí lo es […] Lo que está en cuestión cada vez más es la legitimidad del orden constitucional y sus instituciones”.


La categoría de género en el diseño de políticas públicas.

Pensar en la categoría de género nos permite considerar dos reflexiones, además de que demos partir del reconocimiento y la exigencia de la ...