Pensar en
la categoría de género nos permite considerar dos reflexiones, además de que
demos partir del reconocimiento y la exigencia de la sociedad, pero sobre todo
del feminismo en México, de que uno de los temas de mayor interés en nuestro
contexto, la perspectiva de género, se examine desde el diseño e implementación
de las políticas públicas.
La primera
reflexión se sustenta en el contexto de la Organización de las Naciones Unidas
(ONU Mujeres), es decir, que los gobiernos y las organizaciones de la sociedad
civil establezcan importantes compromisos y propuestas de políticas públicas encauzadas
a modificar las condiciones actuales de las mujeres, alcanzar una urgente y necesaria
igualdad y/o equidad de derechos entre hombres y mujeres. Durante muchos años,
las mujeres han demandado la ausencia del Estado en la corrección de las
desigualdades, protección a sus derechos y de la injusticia a veces orquestada
desde el mismo aparato del Estado. En los últimos años, hemos visto como en el
mundo y sobre todo en América Latina, las grandes movilizaciones del feminismo
en el mundo han hecho referencia a la equidad de género como la búsqueda de
igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres mediante el diseño,
coordinación e implementación de políticas públicas y programas.
La
segunda reflexión, se piensa en el gran esfuerzo realizado desde la sociedad civil,
organizaciones no gubernamentales, fundaciones y el creciente feminismo por
incorporar la perspectiva de género en todo lo concerniente a las políticas
públicas y sociales lo cual implica que los responsables de su definición,
diseño, implementación y seguimiento asuman el compromiso de superar las
desigualdades de género y tomar en cuenta de manera sistemática los efectos
diferenciados que ejercen las acciones de cada sector en mujeres y hombres.
Para
diseñar una política pública exitosa, es necesario desarrollar pasos
estratégicos para garantizar que el proyecto o programa tenga buenos
resultados. Julio Franco Corzo.
El
desarrollo teórico de las políticas públicas ha generado un número por
demás considerable de conceptos o definiciones, todas con
un elemento que las unifica: la idea de una actuación del gobierno
para solucionar problemas públicos específicos.
En ese
sentido, las políticas públicas son acciones de gobierno con
objetivos de interés público que surgen de decisiones sustentadas en un
proceso de diagnóstico y análisis de factibilidad, para la
atención efectiva de problemas públicos específicos, en donde participa
la ciudadanía en la definición de problemas y soluciones.
Las políticas públicas son
acciones de gobierno con objetivos de interés público que surgen de decisiones
sustentadas en un proceso de diagnóstico y análisis de factibilidad:
En esta conceptualización, las
acciones de política pública tienen dos características fundamentales: 1) buscar objetivos
de interés o beneficio público; y 2) ser resultado de
un proceso de investigación que implica el uso de un método para
asegurar que la decisión tomada es la mejor alternativa posible para resolver
un determinado problema público.
Una acción de gobierno que no
busca el interés público o que no está sustentada en un proceso de diagnóstico
y análisis, no es una política pública, simplemente es un acto de autoridad.
Finalmente se deben incluir
las opiniones de la ciudadanía, especialmente las de los afectados por el
problema público en el diseño de política pública, ya que le otorga legitimidad
a este proceso y permite que la sociedad esté incluida y sea copartícipe en la
solución de los problemas públicos.
Con base en lo anterior, se
puede concluir que las políticas públicas son acciones
que permiten un mejor desempeño gubernamental, tanto al interior como al
exterior del aparato público, a partir de cuatro supuestos: el interés público,
la racionalidad, la efectividad y la inclusión. Tales premisas se logran a
través del uso racional de los recursos públicos, la focalización de la gestión
gubernamental a problemas públicos acotados y la incorporación de la
participación ciudadana.
La
definición de género constituye una labor importante y rigurosa. Una de las
interpretaciones en boga asume que el género es un concepto cultural que tiene
como referente la dicotomía social de “lo masculino” y “lo femenino”. Se asume
como una construcción de significados, que permiten agrupar todos los aspectos
psicológicos, sociales y culturales de la relación femineidad-masculinidad. De
todo ello se desprende que la acción de la sociedad es decisiva en su
aprendizaje y desarrollo. Si se pretende captar lo que debe entenderse por
género es necesario reconocer la heterogeneidad de interpretaciones que se
plantean en relación a los objetivos de los estudios, y al discurso político,
entre otros aspectos. Así por ejemplo se tienen las siguientes
interpretaciones: Lo que es el género, lo que son los hombres y las mujeres,
los tipos de relaciones que se producen o deben producirse entre ellos, todas
estas nociones no reflejan ni elaboran simplemente “datos” biológicos, sino que
son en buena parte producto de procesos sociales y culturales (Sherry B. 1981).

Así pues,
el género es un sistema de prácticas, símbolos, representaciones, normas y
valores que las sociedades construyen en torno a la diferencia biológica entre
hombres y mujeres. Este sistema organiza las relaciones entre lo femenino y lo
masculino y lo hace por lo general de manera jerárquica y desigual. Es un
sistema cuya finalidad es asegurar la reproducción social y la reproducción de
la especie. Como construcción social, el género constituye tanto una realidad
objetiva como subjetiva, es un orden social que se impone a los individuos,
hombres y mujeres. A su vez, esos hombres y mujeres como actores sociales,
recrean continuamente esos significados que les proporcionan el lenguaje, la
historia y la cultura a través de sus experiencias, su reflexividad, sus intercambios
intersubjetivos y su participación institucional y social.
En el
proceso de formulación de políticas públicas con perspectiva de género implica
en primer término la necesidad de producir un estudio-diagnóstico de género que,
al identificar y describir la situación y características del objeto de estudio
y transformación en cuestión, tome en consideración las diferencias entre
mujeres y hombres, y en un plano causal, analizando los factores que generan
desigualdades y evaluando la factibilidad de modificarlas. En este sentido, a
partir de estudios de esta naturaleza puede avanzarse en la elaboración de
propuestas de acción que procuren modificar las desigualdades de género que
hayan sido detectadas. (Valle, G. y Bueno. E. 2006).
Por lo que
es importante contar con la información básica, actualizada y sobre todo
confiable para el proceso de realización de los estudios necesarios y en este
sentido, un perfecto diagnóstico en lo particular. En relación con este aspecto
del enfoque de las políticas públicas desde una perspectiva de género se ha
estado planteando el concepto de transversalización de la perspectiva de género
que se define como el proceso de valorar las implicaciones que tiene para los
hombres y para las mujeres cualquier acción que se planifique, ya se trate de
legislación, políticas o programas, en todas las áreas y en todos los niveles.
Para
definir el alcance de lo que se quiere entender por hacer políticas con
perspectiva de género se requiere al menos:
• Que se
permita que la política sea abordada tomando en consideración las diferencias
de género, la naturaleza de las relaciones entre mujeres y hombres, así como
sus diferentes realidades sociales, roles, etc.
•
Acometer un proceso que evalúe los efectos diferenciados sobre mujeres y
hombres de las políticas, programas y medidas legislativas (propuestas o
existentes) y el control de recursos en mujeres y hombres.
•
Dimensionar y visualizar las diferentes condiciones y necesidades de mujeres y
hombres, así como la forma en que los problemas les afectan de manera diversa.
El examen
de las políticas públicas y sociales desde una perspectiva de género constituye
uno de los temas de mayor recurrencia en el tratamiento moderno de las
relaciones entre población y desarrollo, y un avance significativo tanto en
relación a los análisis teóricos de la problemática, como en la práctica de los
programas y proyectos de desarrollo. En este marco, se trata de disponer de
fundamentos teórico-metodológicos sobre los cuales sustentar la elaboración e
implementación de políticas públicas de todo tipo, económicas, sociales,
ambientales, etc., que dirigidas a la solución de los candentes problemas de
población y desarrollo, incorporen la equidad de género y garanticen una
calidad de vida superior para todos los ciudadanos y ciudadanas. Será la única
manera de promover un desarrollo humano sostenible basado entre otros
principios, en un nuevo compromiso social: la equidad, que pasa por un valor
esencial que necesita ser rescatado, la solidaridad humana.
Valle Rodríguez, Gloria M. - Bueno
Sánchez, Eramis.
Novedades en Población (Año 2 no. 4 2006).
La Habana Lugar CEDEM, Centro de Estudios Demográficos.
Universidad de La Habana Editorial/Editor
2006.