lunes, 8 de marzo de 2021

8M- AÑO 2021: LA INDIFERENCIA DEL ESTADO MEXICANO.

 

En México, hace 30 años parecía todavía un país “relativamente tranquilo”, pero teníamos ya un trágico problema de asesinatos de mujeres, comenzaba a visibilizarse, no por parte del Estado sino por las propias familias de mujeres víctimas de violencia, de desaparición, de explotación sexual y asesinatos de mujeres y niñas. Recordemos que el término feminicidio todavía no era de uso común (el delito apenas se incorporó al Código Penal Federal en junio de 2012). Sin embargo, lo que se vivió en Ciudad Juárez durante los sexenios de Ernesto Zedillo Ponce de León y Vicente Fox Quesada fue, sin lugar a dudas, una crisis de feminicidios y violencias contra muchas mujeres y niñas.

Para el año 1993, comenzaban a registrarse los primeros casos. Sin embargo, lo peor de la violencia feminicida en Juárez empezó un par de años después. En 1994 se registraron 40 asesinatos de mujeres en el estado de Chihuahua. Para 1995 se contabilizaron 76. Es decir, el número de mujeres asesinadas en el estado se duplicó en un año. Aun así, el entonces gobernador Francisco Barrio intentó minimizar la crisis y llegó a afirmar que los asesinatos de mujeres que se registraban constituían “una cifra normal” (el pensamiento machista, misógino y patriarcal a través de la normalización no ha cambiado, al contrario, se ha agudizado y en este contexto electoral de nuestro país, han sido señalados varios políticos por diversos delitos cometidos contras mujeres). Negar la violencia feminicida es un reflejo arraigado entre los gobernantes, la insensibilidad política comenzaba a dar vistos de machismo y misoginia. Las víctimas eran sobre todo jóvenes; muchas eran niñas. Los cuerpos frecuentemente revelaban que habían sido violadas y estranguladas. Se trataba sobre todo de mujeres de clase trabajadora, que habían dejado los estudios para conseguir trabajo en la maquila (una estrategia despiadada de los asesinos, para evitar enfrentarse a familias con recursos para mover al aparato de justicia).

A partir de estos eventos trágicos para muchas mujeres, niñas y sus familias, se creó una “Comisión Especial para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres en Ciudad Juárez”. Una solución de altos vuelos para un problema de violencia que se vivía a nivel de calle, inclusive en los hogares y que exigía cambios en la forma de trabajar de la policía y del ministerio público. Fueron cientos de mujeres asesinadas y pocos detenidos, hoy ese pasado cambia solo en el incremento sistemático y sistémico; y, pero sobre todo en la injusticia e insensibilidad de las propias autoridades.  

 

Actualmente, los feminicidios son parte de la agenda pública, pero no importantes para el Estado mexicano, la voluntad de las autoridades es poca, sobre todo de los gobernadores, de los fiscales, de los gobiernos municipales que, para hacer algo distinto frente a la crisis de violencias y feminicidios, si no hay voluntad, mucho menos existe política pública con enfoque de género para comprender el papel que juega y superar las desigualdades entre hombres y mujeres para poder identificar las políticas específicas y atender de manera correcta el grave problema de violencias contras mujeres, niñas y el feminicidio en sus localidades.

Lamentablemente, muy pocos se toman en serio la tarea de investigar los feminicidios. En muchos casos, las fiscalías ni siquiera parecen tener la capacidad para identificar las circunstancias que, de acuerdo con el código penal, constituyen un feminicidio. Simplemente tipifican los casos como si fueran homicidios dolosos, es decir, las fiscalías consideran que solo un porcentaje muy bajo de los asesinatos de mujeres registrados en el país, fueron por razones de género. El porcentaje es completamente inverosímil (en todo el país, alrededor del 25 por ciento de los asesinatos de mujeres se clasifican como feminicidios, aunque ese porcentaje ya trae una subestimación importante).

En suma, en México no hay paz por la sencilla razón de que no hay justicia. Violar, asesinar, acosar, son actividades de bajísimo riesgo para los perpetradores. Para todos los gobiernos, incluso para los mejor intencionados, reformar las fiscalías resulta una tarea demasiado abrumadora, demasiado cara y demasiado ingrata.

 Si el Estado desconoce el contexto de violencia contra las mujeres y niñas, de los feminicidios, de todo lo aterrador que diario, minuto a minuto, cada segundo, viven las mujeres y niñas en sus hogares, en su matrimonio, en las relaciones de noviazgo y en los ámbitos de su propio desarrollo ¿qué será de las 32 entidades, los 2,447 municipios y 16 alcaldías? Las situaciones de desigualdad, discriminación y de violencia contra las mujeres y niñas son un hecho tan aterrador como desconocido socialmente y sobre todo por las autoridades. Con seguridad nadie ha hecho la relación completa de las situaciones de desigualdad, discriminación y violencia contra las mujeres, con seguridad nadie ha elaborado realmente un diagnóstico, todo mundo dice saber y no hace por resolver, con seguridad no existe estadística real por los feminicidios, como un banco de datos y sobre todo de ADN de las miles de víctimas. La creación de información detallada sobre los patrones y la dinámica de esa violencia es crucial para una comprensión más completa de sus causas y consecuencias, y para el diseño de estrategias eficaces de prevención y abolición de la misma.

 En cada situación, cada acto de discriminación, cada hecho de violencia debiera contar con una definición, con una sanción moral, o legal civil o penal, según el caso. Que la forma en que los varones ven y tratan a las mujeres es un constructo social, parece admitirlo la sociedad, de hecho, lo admite, pero ¿qué hemos hecho, ¿qué hacemos, para cambiar de raíz esa aberrante atrocidad? Lo muy poco que se hace, lo hacen las propias mujeres, se diría que acompañadas con pocos aliados y con la más despreciable e indiferencia de los gobiernos y autoridades judiciales.

 La violencia contra las mujeres emerge de la profunda y oscura distancia de los siglos y milenios. Difícilmente cabe en la imaginación de nadie la dimensión de tal horror. Cuando uno lee que se han tenido avances aquí o allá, el sentimiento es indescriptible: casi nada comparada con la dimensión de ese infierno. En el extremo está la inaudita monstruosidad del asesinato (feminicidio)

  La estadística en tiempo real, con un nivel municipal de desglose, permitiría implementar estrategias de protección adecuadas para cada espacio local, pero no existe la capacidad local para implementar las medidas urgentes y necesarias. La tecnología hoy disponible incluso permitiría ubicar los lugares en donde enfrentan mayor amenaza las mujeres y niñas con la precisión de un domicilio.

Ciudad de México. 8-M-2020.

    

Detrás de los feminicidios, existe una mezcla  de múltiples factores que evitan que la    ciudadanía y sobre todo las mujeres y niñas   tengan acceso a la justicia si sufren violencia   de género.

 “De los 25 países con la mayor tasa de feminicidios, 10 se encuentran en América Latina. Además, Honduras, El Salvador y México están entre los cinco países del mundo con el mayor crecimiento en las tasas de feminicidios de niñas y mujeres”.



Es fácil encontrar guerras de cifras sobre el horror de feminicidio en México, y este hecho no refleja sino la forma en que las instituciones mexicanas dan la espalda al problema.

  En este sentido, de la enorme dificultad que se presenta en el país, ninguno de los 32 estados, ni los 125 municipios en el Estado de México es completamente transparente sobre sus cifras, no responden a las solicitudes de información porque simplemente no hay un mínimo dato recabado y sobre todo metodológicamente elaborado, lo que ha obligado a las organizaciones de la sociedad civil a realizar sus propia investigación, estadísticas y sobre todo a visibilizar lo que el Estado mexicano no ha querido atender.  

 Cabe destacar y no menos importante, el evento Paro Nacional de Mujeres del pasado 9 de marzo de 2020, tiene que ver con la ola de violencia que han sufrido miles de mujeres, pero sobre todo con el tratamiento que se le ha dado al tema de la violencia sistemática, feminicidios, desapariciones y delitos sexuales contra las mujeres en nuestro país. ¿Se repetirá el Paro Nacional de Mujeres? El sentimiento de indiferencia por parte de las autoridades de los tres niveles de gobierno, la falta de incapacidad institucional en la atención a víctimas mujeres, la violencia generalizada, la corrupción, la impunidad y la ausencia de políticas públicas integrales dirigidas a las mujeres, nos duele ahora más que nunca, por ello no es menor que hoy tenga tanta relevancia la unión de los movimientos feministas y visibilizar la importancia de la mujer en los diferentes ámbitos de la vida social. Nunca nada se ha logrado sin acciones de re-evolución, sobre todo tratándose de feminismo.

 Finalmente ¿Podrán, para el caso del Estado de México, los 125 mostrar interés decidido para resolver la problemática de la violencia contra las mujeres, las niñas y los feminicidios? Sería un paso fundamental.

 

La categoría de género en el diseño de políticas públicas.

Pensar en la categoría de género nos permite considerar dos reflexiones, además de que demos partir del reconocimiento y la exigencia de la ...