Pensar el desarrollo de la
Administración Pública requiere de una visión política y social amplia, lo cual
nos lleva a la teoría y práctica de la misma. Así, nos hemos encontrado con
propuestas como la administración pública para el desarrollo, la administración
pública para la crisis, la administración pública en la posmodernidad, la
administración pública para la democracia o, más recientemente, la
administración pública en la globalización. Por tanto, la disciplina no es
estática ni acabada, responde a un proceso de continua transformación dado que
es influida por múltiples factores que no admiten soluciones únicas.
La Administración Pública está inserta
en un ambiente político y social cada vez más complejo, incierto e inseguro,
marcado principalmente por la acción de los individuos. Es ahí donde
encontramos los factores y escenarios que nutren la teoría y práctica de la Administración
Pública.
Por tanto, el estudio de la
Administración Pública implica principalmente el tratamiento de la vida social
y política de la sociedad. Esto nos remite a revisar y buscar en la teoría política
los conceptos y debates que actualmente marcan el entendimiento del escenario político
y sus momentos de cambio o rupturas; y, por otro lado, una revisión de los diferentes
enfoques que la Administración Pública ha adoptado en la pretensión de comprender
-o más preciso de sobrevivir- los escenarios cada vez más dinámicos y problemáticos
de la vida asociada.
La realidad estructurada como problema,
obliga a comprenderla en su complejidad, lo cual implica que su campo de
conocimiento ha de nutrirse de la reflexión continua, el debate, el intercambio
de ideas y la revisión de los instrumentos metodológicos que se utilizan para
captarla, procesarla y argumentarla.
Desde esta perspectiva, la revisión de
la Administración pública se inserta en un ámbito muy amplio de acción y
presencia de social y sus cada vez más específicas problemáticas, las cuales a
primera vista remiten a un desinterés por la sociedad. Sin embargo, al buscar
soluciones podemos observar una forma distinta de asociación que, bien
comprendida es un elemento fundamental para la vida política. Por tanto, no
estamos ni ante el eclipse de la política, ni la reducción de la Administración
Pública a un conjunto de técnicas o procesos.
Nuevas formas de socialización y de
reclamación de los individuos EXIGEN NUEVAS FORMAS DE ACCIÓN POLÍTICA Y
ADMINISTRATIVA, así que lejos de tener por terminada la disciplina de la administración
pública, está se fortalece como una ciencia social, al buscar caminos diferentes
para la comprensión y explicación de su lugar en el área teórica.
Desde esta óptica científica se
enriquece el estudio de la Administración Pública como una ciencia social que
encuentra, en las discusiones políticas y sociológicas, conceptos y categorías
que refuerzan el referente teórico de espacio público importante para la comprensión
y explicación de la teoría y práctica de la Administración Pública. Las iniciativas
y presión social, el comportamiento del gobierno, los importantes procesos de
reacomodo del poder político y económico, esto es, del sentido y significado de
las grandes estructuras del mundo moderno, constituyen los puntos de referencia
para un ejercicio crítico y de reflexión de la Administración Pública. Es aquí
donde encontramos la importancia de sistemas de pensamiento, de ideas y teorías
que rompen con principios y reglas, que nos ofrecen caminos de crítica y de reflexión,
pero, sobre todo, de orientación en la complejidad de la realidad política y
social.
Así, la Administración Pública ya no se
inserta en modelos inertes de la sociedad, esto es, en la homogeneidad que
Estado y gobierno imponían a la vida comunitaria, a los individuos.
Estado, gobierno y mercado como los modelos
de organización social, racionalidad, planeación, control, sistematización y
ordenamiento -que si bien eran necesarios para limitar la libertad de los
individuos y funcionar en un Estado de derecho-, declinaron en una cultura de
la estadolatría donde la Administración Pública deviene en burocratización, la
sociedad se masifica y los individuos se subordinan.
En el momento actual, los individuos
reclaman ser escuchados, reproducen formas de socialización que están fuera de
las instituciones, fuera de las reglas del pensamiento moderno sin que ello
signifique estar en contra, sino más bien, una oportunidad de brindar soluciones,
de reconstruir un proyecto colectivo, de hacer política.
Los niveles de manifestación obedecen a
la desconfianza de la ciudadanía en las instituciones, principalmente en las
democrático-representativas.
La Administración Pública no puede ser
ajena a las circunstancias ni indiferente a las acciones individuales ni a las sociales,
puesto que “lo público de la administración pública no depende sólo del Estado,
sino también del modo en que la ciudadanía se incorpora a la operación misma de
las instituciones administrativas para que sean corresponsables en la gestión de
la vida colectiva.