En México, hace 30 años parecía todavía un país “relativamente
tranquilo”, pero teníamos ya un trágico problema de asesinatos de mujeres,
comenzaba a visibilizarse, no por parte del Estado sino por las propias
familias de mujeres víctimas de violencia, de desaparición, de explotación
sexual y asesinatos de mujeres y niñas. Recordemos que el término feminicidio
todavía no era de uso común (el delito apenas se incorporó al Código Penal
Federal en junio de 2012). Sin embargo, lo que se vivió en Ciudad Juárez
durante los sexenios de Ernesto Zedillo Ponce de León y Vicente Fox Quesada
fue, sin lugar a dudas, una crisis de feminicidios y violencias contra muchas
mujeres y niñas.
Para el año 1993, comenzaban a registrarse los
primeros casos. Sin embargo, lo peor de la violencia feminicida en Juárez
empezó un par de años después. En 1994 se registraron 40 asesinatos de mujeres
en el estado de Chihuahua. Para 1995 se contabilizaron 76. Es decir, el número
de mujeres asesinadas en el estado se duplicó en un año. Aun así, el entonces
gobernador Francisco Barrio intentó minimizar la crisis y llegó a afirmar que
los asesinatos de mujeres que se registraban constituían “una cifra normal” (el
pensamiento machista, misógino y patriarcal a través de la normalización no ha
cambiado, al contrario, se ha agudizado y en este contexto electoral de nuestro
país, han sido señalados varios políticos por diversos delitos cometidos contras
mujeres). Negar la violencia feminicida es un reflejo arraigado entre los
gobernantes, la insensibilidad política comenzaba a dar vistos de machismo y misoginia.
Las víctimas eran sobre todo jóvenes; muchas eran niñas. Los cuerpos
frecuentemente revelaban que habían sido violadas y estranguladas. Se trataba
sobre todo de mujeres de clase trabajadora, que habían dejado los estudios para
conseguir trabajo en la maquila (una estrategia despiadada de los asesinos,
para evitar enfrentarse a familias con recursos para mover al aparato de
justicia).
A partir de estos eventos trágicos para muchas
mujeres, niñas y sus familias, se creó una “Comisión Especial para Prevenir y
Erradicar la Violencia contra las Mujeres en Ciudad Juárez”. Una solución de
altos vuelos para un problema de violencia que se vivía a nivel de calle, inclusive
en los hogares y que exigía cambios en la forma de trabajar de la policía y del
ministerio público. Fueron cientos de mujeres asesinadas y pocos detenidos, hoy
ese pasado cambia solo en el incremento sistemático y sistémico; y, pero sobre
todo en la injusticia e insensibilidad de las propias autoridades.

Actualmente, los feminicidios son parte de la
agenda pública, pero no importantes para el Estado mexicano, la voluntad de las
autoridades es poca, sobre todo de los gobernadores, de los fiscales, de los
gobiernos municipales que, para hacer algo distinto frente a la crisis de
violencias y feminicidios, si no hay voluntad, mucho menos existe política
pública con enfoque de género para comprender el papel que juega y superar las
desigualdades entre hombres y mujeres para poder identificar las políticas específicas y atender de manera correcta el grave problema de violencias contras mujeres,
niñas y el feminicidio en sus localidades.
Lamentablemente, muy pocos se toman en serio la
tarea de investigar los feminicidios. En muchos casos, las fiscalías ni
siquiera parecen tener la capacidad para identificar las circunstancias que, de
acuerdo con el código penal, constituyen un feminicidio. Simplemente tipifican
los casos como si fueran homicidios dolosos, es decir, las fiscalías consideran
que solo un porcentaje muy bajo de los asesinatos de mujeres registrados en el
país, fueron por razones de género. El porcentaje es completamente inverosímil
(en todo el país, alrededor del 25 por ciento de los asesinatos de mujeres se
clasifican como feminicidios, aunque ese porcentaje ya trae una subestimación
importante).
En suma, en México no hay paz por la sencilla razón
de que no hay justicia. Violar, asesinar, acosar, son actividades de bajísimo
riesgo para los perpetradores. Para todos los gobiernos, incluso para los mejor
intencionados, reformar las fiscalías resulta una tarea demasiado abrumadora,
demasiado cara y demasiado ingrata.
Si el Estado desconoce el contexto de violencia
contra las mujeres y niñas, de los feminicidios, de todo lo aterrador que
diario, minuto a minuto, cada segundo, viven las mujeres y niñas en sus
hogares, en su matrimonio, en las relaciones de noviazgo y en los ámbitos de su
propio desarrollo ¿qué será de las 32 entidades, los 2,447 municipios y 16
alcaldías? Las situaciones de desigualdad, discriminación y de violencia contra
las mujeres y niñas son un hecho tan aterrador como desconocido socialmente y
sobre todo por las autoridades. Con seguridad nadie ha hecho la relación completa
de las situaciones de desigualdad, discriminación y violencia contra las
mujeres, con seguridad nadie ha elaborado realmente un diagnóstico, todo mundo
dice saber y no hace por resolver, con seguridad no existe estadística real por
los feminicidios, como un banco de datos y sobre todo de ADN de las miles de
víctimas. La creación de información detallada sobre los patrones y la dinámica
de esa violencia es crucial para una comprensión más completa de sus causas y
consecuencias, y para el diseño de estrategias eficaces de prevención y
abolición de la misma.

En cada situación, cada acto de discriminación,
cada hecho de violencia debiera contar con una definición, con una sanción
moral, o legal civil o penal, según el caso. Que la forma en que los varones
ven y tratan a las mujeres es un constructo social, parece admitirlo la
sociedad, de hecho, lo admite, pero ¿qué hemos hecho, ¿qué hacemos, para
cambiar de raíz esa aberrante atrocidad? Lo muy poco que se hace, lo hacen las
propias mujeres, se diría que acompañadas con pocos aliados y con la más
despreciable e indiferencia de los gobiernos y autoridades judiciales.
La violencia contra las mujeres emerge de la
profunda y oscura distancia de los siglos y milenios. Difícilmente cabe en la
imaginación de nadie la dimensión de tal horror. Cuando uno lee que se han
tenido avances aquí o allá, el sentimiento es indescriptible: casi nada
comparada con la dimensión de ese infierno. En el extremo está la inaudita
monstruosidad del asesinato (feminicidio)
La estadística en tiempo real, con un nivel
municipal de desglose, permitiría implementar estrategias de protección
adecuadas para cada espacio local, pero no existe la capacidad local para
implementar las medidas urgentes y necesarias. La tecnología hoy disponible
incluso permitiría ubicar los lugares en donde enfrentan mayor amenaza las
mujeres y niñas con la precisión de un domicilio.
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| Ciudad de México. 8-M-2020. |
Detrás de los feminicidios, existe
una mezcla de múltiples factores que evitan que la ciudadanía y sobre todo las
mujeres y niñas tengan acceso a la justicia si sufren violencia de género.
“De
los 25 países con la mayor tasa de feminicidios, 10 se encuentran en América
Latina. Además, Honduras, El Salvador y México están entre los cinco
países del mundo con el mayor crecimiento en las tasas de feminicidios de niñas
y mujeres”.
Es fácil encontrar guerras de cifras sobre el
horror de feminicidio en México, y este hecho no refleja sino la forma en que
las instituciones mexicanas dan la espalda al problema.
En este sentido, de la enorme dificultad que se presenta
en el país, ninguno de los 32 estados, ni los 125 municipios en el Estado de
México es completamente transparente sobre sus cifras, no responden a las
solicitudes de información porque simplemente no hay un mínimo dato recabado y
sobre todo metodológicamente elaborado, lo que ha obligado a las organizaciones
de la sociedad civil a realizar sus propia investigación, estadísticas y sobre
todo a visibilizar lo que el Estado mexicano no ha querido atender.
Cabe destacar y no menos importante, el evento Paro Nacional de Mujeres del pasado 9 de marzo de 2020, tiene que ver
con la ola de violencia que han sufrido miles de mujeres, pero sobre todo con
el tratamiento que se le ha dado al tema de la violencia sistemática,
feminicidios, desapariciones y delitos sexuales contra las mujeres en nuestro
país. ¿Se repetirá el Paro Nacional de Mujeres? El sentimiento de indiferencia por parte de las autoridades de los tres
niveles de gobierno, la falta de incapacidad institucional en la atención a
víctimas mujeres, la violencia generalizada, la corrupción, la impunidad y la
ausencia de políticas públicas integrales dirigidas a las mujeres, nos duele
ahora más que nunca, por ello no es menor que hoy tenga tanta relevancia la unión
de los movimientos feministas y visibilizar la importancia de la mujer en los
diferentes ámbitos de la vida social. Nunca nada se ha logrado sin acciones de
re-evolución, sobre todo tratándose de feminismo.
Finalmente ¿Podrán, para el caso del Estado de
México, los 125 mostrar interés decidido para resolver la problemática de la
violencia contra las mujeres, las niñas y los feminicidios? Sería un paso
fundamental.